martes, 9 de marzo de 2010

Inocencia

Llovía fuera, solo unas gotas aunque el día era gris oscuro y de tarde en tarde sonaba el estruendo de algún trueno previamente acompañado de un fugaz rayo. Dentro solamente sonaba desde fuera el viento con furia, había una temperatura agradable y la tranquilidad solo era quebrantada por el continuado golpeo de una rama contra la ventana, amenizado por el hilo musical a bajo volumen y tranquilo que sonaba en una pequeña radio antigua.

La habitación estaba vacía, sin muebles, sin gente, tan solo la pequeña radio en el suelo sonando para nadie, la misma imagen se repetía por toda la ciudad, todas y cada una de las casas deshabitadas, en todo el país y resto del mundo. Tampoco quedaban pájaros a los que oír cantar, ni el ladrido de los perros, en todo mundo el único sonido era el de la tormenta, ese, y el de aquella pequeña radio sonando para el vacío con unas notas tristes, tranquilas de buen jazz.

Sin embargo la radio atraía hacia ella a alguien desde un lugar muy lejano, era el sonido del mismísimo fin y acabaría con el último ser del firmamento nada más entrar por aquella puerta, cuando las primeras notas entraran en su cabeza.

Aquella figura lejana era extremadamente frágil, pequeña, femenina, no aparentando mucho mas de ocho o nueve años, con un vestidito rojo y un paraguas a su medida se encaminaba despacito mientras reía y tarareaba alguna canción infantil, último reflejo de aquel mundo, condenada a perecer por la melodía que la atraía...

Esta niña era el ultimo fragmento de la inocencia.

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