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martes, 2 de junio de 2015

El sendero

El sendero que recorría la loma del cerro, entre abetos y alcornoques, con suelo empedrado pero semi oculto bajo la tierra. De paisajes hermosos, desnivel pronunciado y cantar de los pájaros. El cielo azul, el sol radiante, las flores de mil colores, el verde intenso, la muralla de piedra vieja que separaba el acantilado rustica, incluso el vuelo majestuoso de un águila imperial.
En aquel sinuoso camino, rural como pocos, bajo los árboles, se encontraba una sombra poco antes de la cumbre, una sombra por las que pasaban muchos viajeros.
Bajo la sombra pasó un universitario, de mente despierta, devorador de libros, con un futuro prodigioso.
Bajo la sombra pasó un futbolista, no muy famoso, pero digno representante de su deporte que disfrutaba marcando goles y corriendo el césped tras el balón.
Bajo la sombra pasó un astrónomo, era hombre ya mayor que dedicaba su vida a descubrir los secretos del cosmos mirando a través de enormes telescopios.
Bajo la sombra pasó un escritor, constructor de cuentos, aventuras y mundos de ficción.
Bajo la sombra pasó un músico, con su guitarra a cuestas, buscando inspiración para su próxima canción.
Bajo la sombra pasó un enamorado, siempre con su mente ocupada pensando en su amada, a sabiendas de que ella le esperaba a la vuelta.
Bajo la sombra pasó un revolucionario, arengador de masas, con unos ideales fuertes y optimismo para creer en ellos.
Bajo la sombra pasó un trabajador, pero no uno cualquiera, sino uno que amaba realmente su trabajo.
Bajo la sombra pasó un aventurero, un joven que recorría el mundo apuntando vivencias en una libreta, países y continentes se le quedaban pequeños.
Bajo la sombra pasó un hombre tranquilo, con la mente descansada, sin estrés ni traumas que recordar que muy en su interior le hicieran daño cada día.
Bajo la sombra pasó un padre, no iba con sus hijos, pero deseaba contarles y traerles en días venideros a un camino tan hermoso.
Bajo la sombra pasó un chico optimista, que creía en un futuro prometedor aunque no tenía nada. Incapaz de darse por vencido.
Bajo la sombra pasaron.
Bajo la sombra.

La sombra de ojos perdidos.

lunes, 15 de julio de 2013

Ya vienen


    Ya se acercan, las noto, vienen a por mi... llevan mucho tiempo en su largo caminar, lento pero continuado, hacia un objetivo inevitable.
    Oigo su zumbido desde hace algunos meses, el sonido miles de alas batiendo hacia mi dirección, volando alrededor de mi ser como una nube opaca que pocos pueden ver, que pocos saben que existen. Es una presencia que me atemoriza, que me mira, que me desea, que me besa...
   Ya se acercan, las noto, vienen a por mi... entran dentro de mi ser; por mi boca, por mi nariz llenando mis pulmones, mi estomago, mi cerebro... Siento como siembran sus larvas, esas que se alimentarán de mi felicidad, que pudrirán mis ilusiones, que marchitaran mi esperanza.
   Están dentro de mi y me devoran con pasión, me consumen.... Si pudierais verme por dentro... estoy lleno de moscas, y me van comiendo poco a poco... no podéis imaginar el dolor... es infinito.

martes, 9 de abril de 2013

La profanación

   

     El chirrido de las viejas y oxidadas bisagras acompañó el movimiento del portón que se habría. La vieja y gruesa madera mostró tras de si los peldaños de piedra que descendían por un estrecho pasillo hacía la oscuridad más absoluta.

     Alumbrando con una antorcha de madera y semi encogido por la poca altura del habitáculo, la figura descendió a una velocidad pausada. Conocía cada rincón del emplazamiento como la palma de su mano y no necesitaba mirar al suelo para esquivar los escalones imperfectos que le podrían hacer tropezar. Iba tarareando una canción alegre mientras acompañaba el ritmo con golpecitos de su mano en los maltrechos y antiquísimos bloques de piedra que formaban las paredes y el techo en forma de arco sobre su cabeza.

     Una vez hubo llegado abajo, y tras abrir una segunda puerta con un manojo de grandes llaves tintineantes, se quitó el largo abrigo negro y lo colgó en una percha junto a la entrada. En camisa de botones y tirantes, fue hasta una vieja mesa de tosca madera, apolillada y decrepita, donde eligió entre una serie de herramientas unas tenazas afiladas de tamaño desmedido. Tras esto, aún entorcha en mano caminó por la sala esquivando los hinchados y putrefactos cadáveres que colgaban clavados de los gachos del techo.

     Haciendo zig zag entre ellos, y ayudándose con los brazos para empujar algunos que se interponían en su camino, llego al final de la estancia. Colocó la antorcha en un candelabro y se sentó en el taburete que estaba justo debajo de él.
     Ante si había una persona encadenada a un poste de madera, con esposas en manos y pies. Parecía deslumbrada ante la luz del fuego, desorientada y mal alimentada.

    -Bien -dijo la voz de su visitante- es hora de divertirnos-. Y abriendo las tenazas comenzó a cortar las extremidades de su víctima.

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Prólogo de mi nuevo proyecto "La profanación", historia homenaje a la novela negra que iré publicando poco a poco en Wattpad. Podéis leerla desde aquí.

martes, 28 de septiembre de 2010

Presagio

Más allá del valle del destino, de las cumbres nevadas del silencio, del castillo del oscuro lamento, tras caminos sin salida, rodeado por el río de la melancolía, con sus siniestras aguas turbias, allí donde no llega el conocimiento, ni la imaginación, ni tan siquiera la malicia humana, allá en la lejanía estaba aquella silueta condenada, condenada a un tormento infinito, ni vivo ni muerto, soportando las cadenas de un castigo eterno a punto de pronunciar aquella misiva que llevaba mil años cavilando.


-Presagio entre tinieblas, - dijo- maldito, indigno y abatido, todos los tormentos que sobre la tierra van a acontecer, no podrán escapar de sus pecados ni liberarse de la gran guadaña, de afilado metal oxidado que les juzgará tanto el corazón, como sus miserables almas. Mí dolor y mí perdida no será nada en comparación con todo aquello que les será arrebatado, no existe conciencia humana capaz de vaticinar hasta que punto será derrotada su soberbia, ansío lo que nunca podré tener, el poder reconfortante de tener en mis manos la muerte y la vida, la agonía y la codicia, lo bello y lo hermoso... y todo aquel que pretenda ser juzgado recibirá toda la cólera de años de soledad, de martirios y lágrimas errantes, desde aquí profetizo el fin de los tiempos como los hemos conocidos, desde este mismo instante la sangre será negra y volátil y nadie, absolutamente nadie tendrá el privilegio de albergar una mente lucida y capaz por si misma de crear, pensar o calcular, hoy es el primer día, el único y primer día en el que el instinto asesino será libre de carbonizar lo existente, solo un punto entre trillones de ceros, tan solo una efímera milésima.

martes, 22 de junio de 2010

Cementerio de metal

Lágrimas de metal resbalan por los rostros de las miles de figuras que de pie e inmóviles plagan el paisaje con la mirada perdida hacia delante, entre mastodónticos edificios grises, bajo un cielo de nubes cargados de lluvia ácida, de futuro incierto, apocalíptico y deformado, corrompido...

Todos están quietos, con una mueca de horror en sus rostros con sus mejillas bañadas con ese metal ardiente y líquido que queman sus caras. Las calles de esta metrópolis tienen la misma estampa, entre los cuerpos rectos y paralizados existen distancias aleatorias, unos juntos sobre la acera, otros salteados sobre el asfalto, sin ningún tipo de orden, extraño y sin sentido... pero todos con una mirada inquietante hacia el mismo lugar transparente.

El metal puro y plateado lo cubre todo brillante y perfecto, hipnótico de edificios, puertas, coches o carteles, muy distinto del suelo de piedra y alquitrán que cubren cual telaraña este cementerio urbanizado que se alza hacia el cielo sin ningún verdor ni alegría, sin vida, sin belleza.

Corazones marchitos, sin esperanza, océanos de mentes hundidas en depresiones, un desierto descorazonador, desvirtuado, malditos, escenario decadente, enfermo, desmoralizador hasta para los más fuertes.
Almas perdidas en cuerpos muertos, metalizados y sin sentimientos, complejo malestar sin posibilidad de ser adjetivado, oscuro y brillante que te devora con tan solo poner los ojos sobre el.

Fuera, en los límites de la urbe, muros de cristal cortante y mugriento que cortan todo lo que se les acerca, llenos aún con la sangre roja pero seca de los que intentaron treparlos para escapar, siendo ahora no más que un montón de cadáveres en descomposición cubiertos de gusanos devoradores de carne muerta, gusanos que se transformaran tras una experiencia traumática en lindas mariposas que volarán libres sobre este laberinto tortuoso de pena y angustia.

Pero algo este macabro escenario toma vida, así como voluntad, mueve muy despacio los dedos de una mano, luego cierra el puño, quita de su rostro esa imagen aterradora y tras tomar el oxígeno radioactivo en sus pulmones arranca de los tornos del suelo sus pies prisioneros, el dolor esta vez es gratificante. Corre, el muchacho echa a correr con todas sus fuerzas y nota que de sus ojos ya no caen lagrimas de metal, si no que fluye agua cristalina de un manantial. Corre hacia la muerte segura de los muros de cristal, donde su vida será sesgada como una bella flor.

Morirá, si, morirá, pero el dolor es necesario, a través de la muerte mañana volará libre sobre las nubes y bellos colores adornaran su cuerpo.

Solo cuando has experimentado el verdadero dolor y soledad que produce esta sociedad, sentirás la paz y serás libre.

jueves, 1 de abril de 2010

El poder de los dioses (II)

Y el sol se alzó una mañana más sobre el hermoso paraje proyectando sus sombras bajo los centenarios árboles que cubrían todo lo que alcanzaba la vista, los animales despertaban junto al cantar de los pájaros, todo era como una postal de cuento.

En un rinconcito de este maravilloso lugar, apoyado contra un tronco caído de lo que una vez fue un árbol se encontraba el de nuevo joven y hermoso pero feroz protagonista de nuestra historia. Hubiera sido un día normal salvo porque esa mañana la vio, la vio teniendo sexo lascivamente esa mañana con otro hombre, y él no puedo evitar que todas las emociones que había dejado atrás volvieran a él con más fuerza si cave, brotándole la cólera desde lo más profundo de su cuerpo, desgarrándole la piel, vomitando rabia en forma de fuego, llorando magma incendiario.

El día se cubrió de nubes y comenzó a llover acido puro que quemo todo lo verde del bosque, mato toda la vida en kilómetros a distancia, la cólera lo consumió y desde lo más profundo de sus entrañas brotó la muerte que una vez le fue otorgada, una ola de peste bubónica recorrió el mundo dejando a su paso solo muerte y putrefacción.

Pero allí seguían los dos enamorados como si nada ocurriese a su alrededor, como si una barrera de cristal impidiera que nada les afectara, ante esto, al volver a mirarles, consumido por la cólera y la muerte no pudo evitarlo, y de sus entrañas brotó el la guerra que una vez le fue otorgada, el odio se apodero del mundo creando batallas y conflictos en cada rincón del firmamento, dejando a su paso solo destrucción y violencia.

Y una vez más, al mirarlos, los dos enamorados seguían inalterables, desnudos fornicando en ese círculo de placer que los rodeaba y protegía, consumido por la cólera, la muerte y la guerra, de sus entrañas brotó el hambre que una vez le fue otorgada, la miseria y la escasez tomaron el resto del mundo creando la pobreza y la injusticia, dejando a su paso solo cadáveres e inanición.

Fue entonces cuando todos los poderes se volvieron contra él, él cual comenzó a devorarlos a grandes dentelladas con su boca sin dientes y casi sin encías, hinchándose de forma grotesca, deformada, sus músculos ahora eran bolas deformes explotando aquí y allá, la piel que los contenía, sus músculos, eran morados, oscuros, de sus venas abiertas surgía en forma de torrente una sangre coagulada y casi putrefacta, era un espectáculo tan dantesco que no puede ser descrito.

Cuando hubo devorado por completo toda cólera, la muerte, la guerra y el hambre, alcanzando en el proceso una altura de decenas de metros vio ante él, el horizonte que había creado de destrucción y muerte, el planeta arrasado completo. Imploró, imploró nuevamente a los dioses, para que le libraran de aquel pesar.

Y la sangre brotó aun con mas fuerza cuando las espadas cercenaban su carne a manos de los dioses, llenado con esta todos los ríos del planeta, de los pedazos de carne que caían sobre los campos se creo el abono del que crecerían las plantas y de la putrefacción de los mismos, la vida cual gusanos que devoran los cuerpos muertos.

Los cuatro dioses gastaron todos sus poderes para exterminar a tan abominable criatura muriendo de agotamiento, al morir ellos, murió la cólera, la muerte, la guerra y el hambre, vagando desde entonces todas a su antojo por cada rincón de la tierra.

En este mundo nuevo tan solo quedaron dos figuras puras, la de los enamorados que se elevaron hasta el cielo, con un poder tan maravilloso que no tenía cabida en este mundo, el poder del amor, el poder del sexo.

martes, 23 de marzo de 2010

El poder de los dioses (I)

Esta historia trata de un joven sin nombre que tras una rápida niñez creció precozmente bajo la tutoría de dos ancianos brujos, por ello, siempre fue rechazado, por temor. Siempre tuvo grandes complejos, se sentía infravalorado, triste, falta de seguridad y jamás creyó que pudiera superarlo, sin embargo, con el tiempo lo logró más facilmente de lo esperado, pues el amor había entró en su vida, lejos quedarón los días oscuros y solitarios en los que sollozaba en soledad, tras muchos años, ahora nuestro peculiar personaje se sentía tranquilo, feliz, realizado...

No se trataba, aunque pudiera parecer, que esta felicida proveniera del amor que sentía hacia su amada, si no que lo hacia exclusivamente del amor que ella sentía por él, le gustaba sentirse amado y deseado por alguien, era egoísta si, pero no necesitaba nada más para ser dichoso, consiguió con los elogios de su pareja amarse a si mismo, reconocer sus cualidades, sentirse importante ante los ojos de la gente.

El la trataba mal, a cada mala palabra que le lanzaba le hacía sentirse mejor pues el echo de que le soportara era interpretado por él, como que la dependencia y el amor que inspiraba era incomparable con nada, el sufrimiento de su amor de cierta forma era su satisfacción.

Sin embargo y como era previsible, pasados unos años, justo después de un placido verano, junto a las primeras lluvias otoñales ella decidió que no le aguantaría más, se arto de los malos modos, de los golpes y el desprecio.

Él enloqueció, lo que en otros momentos fueron sus bellos cabellos dorados ahora eran guiñapos de pelo negro, el color de sus ojos pasó del verde más hermoso imaginable al gris lastimoso mas sucio que pudiera existir, de entre los poros de la piel antes hermosa y suave surgieron ampollas y heridas que nunca supuraban llenándole la cara de sangre, pus y manchas, su cuerpo en si mismo se consumió rapidamente en algo viejo y débil, y en su lamento imploro a los dioses, lloro lamentablemente mientras su vida se marchitaba, mientras su corazón sangraba amargamente, tal fue su desconsuelo que ante el se presentaron los cuatro dioses del firmamento, el Dios de la muerte, el Dios de la guerra, el Dios del hambre y el Dios de la cólera.

Tirado en el suelo en postura fetal le rodearon los cuatro dioses oscuros de figuras altas y delgadas, lo miraban con sus rostros extraños en silencio.

El primer Dios le ofreció su poder, el poder de la muerte con la que hubiese podido arrebatarle la vida a su amada para así vengarse de todo el sufrimiento que le había producido al osar abandonarlo, pero él lo rechazo.

El segundo Dios le ofreció su poder, el poder de la guerra con el que hubiese podido golpear hasta la muerte a todos aquellos que osasen cortejar a su amada robándosela definitivamente, pero él lo rechazo

El tercer Dios le ofreció su poder, el poder del hambre y la escasez con el que hubiese podido alejar a todos los hombres de su amada, para que esta conociera la soledad a la que el mismo se había visto sometido por su culpa, pero él lo rechazo.

El cuarto Dios le ofreció su poder, el poder de la cólera con la que podría odiar por el resto de los tiempos a su amada, olvidando el amor o incluso su propia soledad pues el odio era el sentimiento mas fuerte y puro que se conocía en el lugar, él acepto.

Continuara...

martes, 9 de marzo de 2010

Inocencia

Llovía fuera, solo unas gotas aunque el día era gris oscuro y de tarde en tarde sonaba el estruendo de algún trueno previamente acompañado de un fugaz rayo. Dentro solamente sonaba desde fuera el viento con furia, había una temperatura agradable y la tranquilidad solo era quebrantada por el continuado golpeo de una rama contra la ventana, amenizado por el hilo musical a bajo volumen y tranquilo que sonaba en una pequeña radio antigua.

La habitación estaba vacía, sin muebles, sin gente, tan solo la pequeña radio en el suelo sonando para nadie, la misma imagen se repetía por toda la ciudad, todas y cada una de las casas deshabitadas, en todo el país y resto del mundo. Tampoco quedaban pájaros a los que oír cantar, ni el ladrido de los perros, en todo mundo el único sonido era el de la tormenta, ese, y el de aquella pequeña radio sonando para el vacío con unas notas tristes, tranquilas de buen jazz.

Sin embargo la radio atraía hacia ella a alguien desde un lugar muy lejano, era el sonido del mismísimo fin y acabaría con el último ser del firmamento nada más entrar por aquella puerta, cuando las primeras notas entraran en su cabeza.

Aquella figura lejana era extremadamente frágil, pequeña, femenina, no aparentando mucho mas de ocho o nueve años, con un vestidito rojo y un paraguas a su medida se encaminaba despacito mientras reía y tarareaba alguna canción infantil, último reflejo de aquel mundo, condenada a perecer por la melodía que la atraía...

Esta niña era el ultimo fragmento de la inocencia.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Como antes de nacer

Dolores tortuosos recorren su cuerpo, piernas, cada músculo de su espalda, sus manos, con la cabeza a punto de explotar... agonizante en un mar de sensaciones tanto físicas como mentales, directamente sobre el abismo oscuro y tenebroso del final definitivo. Sin dientes en la boca, sin brillo en los ojos, sin sangre caliente que llegué a su corazón. Sin temor, ni cólera, sin esperanza...

Tembloroso y entre jadeos pestañea por última vez ese amasijo raquítico de huesos y piel arrugada, mustio y decadente, decepción y resignación.

El pálpito de su corazón se detiene, su pecho ya no se incha con el oxígeno que sus pulmones reclaman para vivir, los ojos quedan cerrados y la mismísima muerte , con su guadaña afilada y oxidada espera atenta a los pies de la cama para recoger el alma que ahora le pertenece, para hacer con ella lo que le plazca.

La vida se le fue como un día se marchara la mía, la tuya, cansada y angustiada tras un largo viaje que finalmente quedara en nada, tan solo un recuerdo de lo que una vez fue pero ya nunca será, un susurro en el viento, carroña, cuerpo inmóvil, devorado, suculentamente vomitivo.

La muerte deja el viejo bastón de madera negra a un costado de la cama y le abraza cariñosamente, con ternura se funde con la vida y la propia muerte, ambos se entregan por igual en una pasión incomparable, es el fin de la vida, el principio del mundo sin el, como antes de nacer, ahora no es nada.

sábado, 31 de octubre de 2009

Rendición

Las bestias te acechan en tu inmensa penumbra y te has sometido a la pena y la desdicha absoluta, por fin decidiste que no lo podías soportar más, es el día en que termina el espectáculo dantesco de tu vida y caminas en el sendero oscuro de los anti-todo hacia el macabro precipicio que pondrá fin a toda esta locura.

Te has unido al lento caminar de la cola que se precipita en el abismo junto a miles de otras almas malditas, sin creer en esperanzas que ya no existen, sin maldad ni bondad, solo sombras que se tiran a los brazos de la muerte.

Paisaje oscuro inexpresivo del que nadie se percata, solo cabezas gachas y lágrimas vacías, sin sentido, rendidos. Ärboles sin su verdor característico, de negras maderas, flores sin pétalos, marchitas, ocres malditos, hipocresía, absolutismo, incoherencia, terquedad, heridas de muerte.

Cuanto más te acercas tu vida carece más de sentido, desperdiciándola en silencio asumiendo la irrealidad, así cuando al final miras al vacío, justo antes de lanzarte al suicidio un grito desgarrador acompañando a tu lamento inagotable te empuja al fin.

-No saltes, no saltes, por favor no saltes, lucha, grita, blasfema, odia, pero vive, sin rendición, sufre, llora pero levanta la cabeza, trincha con fuerza los dientes, mata, golpea, desahógate, usa la violencia, no importa que hagas, pero sal adelante, coje mi mano, yo no te soltare, pero no saltes, no saltes te pido, no saltes o me arrastraras con tigo y te prometo que yo no me dejare caer, venceré a la gravedad y si es preciso desgarrare los músculos de mi espalda para que me broten alas con las que sobrevolaré el pesar de los caídos, te sacare de allí volando y te llevare al cielo mismo donde todo es azul y hermoso, aprieta fuerte mi mano mírame a mis ojos negros y caminemos juntos contra la corriente.

domingo, 4 de octubre de 2009

Escapando al despertar

La desesperación acompañaba a los jadeos, y a estos el sudor que resbalaba por su frente hasta caer al suelo desde su cara. Tragó saliva un momento para poner en orden su cabeza y de paso intentó aguantar la respiración, no podía ser descubierto porque si lo encontraban moriría.

Por un momento comenzó a sollozar, ¿por que le tenía que pasar esto a él?. Se seco de lágrimas los ojos con sus manos temblorosas y apretó contra su pecho el arma que tenia cargada, aun humeante y que acababa de disparar. Se concentro en el olor a pólvora que entraba hacía sus pulmones y se acordó de sus tardes de cacería, con esa misma escopeta. En aquellas ocasiones le divertía matar, el olor a carne quemada, la posterior cena del animal muerto con su familia, la felicidad bañada en sangre... Cerro los ojos y deseo con todas sus fuerzas estar en el coto privado, con su sombrero y sus pantalones de camuflaje, con su cacheta llena de bolsillos con todo lo necesario para el deporte.

Cuando abrió los ojos la oscuridad volvió a cubrirle, se encontraba detrás de una mesa de madera antigua y gastada por el tiempo que el mismo había tumbado con las patas en dirección a aquel que perseguía su vida, frente a él se encontraba una ventana, único lugar por el que entraba la luz lunar que fuera bañaba el campo. Estaba abierta... pensó en escapar.

Un instante después se precipito desde el segundo piso, su tobillo recibió el duro golpe de la caída, el miedo era tal que su sistema nervioso pudo obviar momentaneamente el pinchazo agudo de dolor para poder correr hacía el interior de una zona boscosa de encinas, romero y algún que otro arbusto pequeño. Mientras se alejaba de la pequeña casa su respiración se intensificaba, y cada vez que inspiraba o espiraba de su garganta se podía oír como un quejido fiel muestra de toda la angustia que lo atosigaba.

Pero... ¿De que o quien estaba huyendo?, era un extraña situación, aún no se había dado realmente cuenta de quien era el que tras él portaba el arma, no se había parado a repasar cada uno de los acontecimientos que habían precedido aquella persecución y bien sabia dios -Se dijo- no era el momento de hacerlo.

Os comentare que ante nosotros nos encontramos con un hombre normal y corriente, aunque bien podría tratarse de una mujer, era una persona adulta, de no mas de treinta años, con un trabajo vulgar, un coche normal con el que tenía que pasar la revisión en los próximos días. Adicto a los placeres de la vida, como el tabaco, el alcohol, la televisión, el fútbol o quizás eran los toros, el sexo y la diversión. No era alguien de meterse en problemas, no al menos en ninguno que no tuviera que ver con hipotecas, o compras a plazos que dicho sea de paso, bastante complicados son ya.
¿Entonces?, ¿como podía haberse metido en esta situación?.

Consiguió adentrarse entre la maleza, pero por desgracia no pudo escapar, no se esperaba que allí le estuviera esperando aquel que le quería disparar. En el suelo rendido alzo la mirada y se encontró frente a un joven, de no mucho más de veinte años, con una mirada penetrante y un gesto que le desafiaba.
Aquel muchacho era yo.

-Vengo a matarte - Le dije.
Se izo un silencio entre los dos.
-Vengo a matarte tal y como eres, - proseguí- vengo a eliminar de tu vida todo lo negativo que la conforma, vengo a arrancar los hilos que ciegan tus ojos, curar tu irresponsabilidad hacia el mundo... si amigo, vengo a despertarte de tu falso bienestar para que a partir de hoy, de este momento seas por fin libre de espíritu, libre para pensar, para decidir por ti mismo, para negarte si realmente lo deseas y no tragar todo lo que te pongan en la mesa, vengo a matar toda tu codicia, tu egoísmo, a liberarte de esta locura de sociedad que te parasitó el cuerpo y el alma. Yo soy tu agónico sentimiento de malestar que callas cada día para poder seguir viviendo, pero hoy... morirás.

Disparé, disparé sin dudar un solo instante y le arrebaté todo en lo que sostenía su existencia, no vacilé, simplemente repetí lo que muchas otras veces atrás ya había echo.

Él quedo en el suelo, en un charco de sangre, pero de pronto volvió a entrar en si, pestañeo varias veces, se paso la mano que ya no temblaba por la frente y tras un suspiro tranquilizador apago la pantalla del ordenador, abrió la puerta de su casa y el sol baño su cara que mostraba una sonrisa, salió a la calle y por fin, se enfrento al mundo.

martes, 29 de septiembre de 2009

Diario a la locura

Día 4
Ojos blancos, pieles quebradas, gritos desgarradores, bilis regurgitada, inestabilidad, locura, intensidad. Selva urbana de sonidos amargos, de olores malditos, de dientes podridos, de carne infectada, de dolores insoportables y sobretodo de mucha hambre, canibalismo, Apocalipsis.
Miro por la ventana y me arden las entrañas, ¿donde esta el mundo que nos prometieron?, solo veo muerte, lo que en el pasado fueron seres vivos pero ahora no son más que cadáveres que se mantienen erguidos, rigor mortis.

Día 17
Ya no queda comida en mí habitación y esta agónica situación está matándome... Pero aguantaré, resistiré, trincharé los dientes una vez más y lograré que mi sangre no se coagule como la de ellos, no mataré a los pocos seres humanos que aún quedan con vida, aunque deseo con toda mí alma eliminar de este mundo a cuantos cadáveres pueda.
Si es necesario gritaré hasta romper los tímpanos de todo aquel que me pueda oír para así poder sobrevivir, para alejar de mí corazón la violenta angustia que me martiriza cada día.

Día 31
Hoy puede ser mí última noche, necesito comida y no estoy dispuesto a seguir escapando de un destino incansable que me reclama como suyo, pero los muertos están equivocados, si tengo que morir prometo que moriré matando, si me veo obligado, daré muerte a aquellos que no tienen vida. Hoy puede ser mí última noche pero antes de caer seré el buitre carroñero que despedace los cuerpos enfermos de cuantos osen hacerme daño, basta de conflictos en mí mente, basta de autodestrucción, basta de seguir escapando.

Día 67
Hace tiempo que desapareció el hambre de mí lúgubre habitación, hace tiempo que dejé de sufrir, escribo esto mientras mastico la carne cruda y en descomposición de un pequeño no muerto, el sabor es de una textura y aroma complicados de describir, se deshace en mí boca en tiras y cúmulos de células putrefactas que saboreo entre arcadas mientras bajan por mí garganta inflamada. Me viene a la cabeza nuevamente la necesidad de conseguir hilo dental para eliminar de cada una de mis muelas picadas las migajas de toda la mierda que e triturado con ellas en estas últimas semanas.
Por fin vuelvo a tener sueños triviales, totalmente innecesarios, estoy tranquilo.

Día 139
Creo que me estoy volviendo loco, la esquizofrenia me da su irresistible abrazo arrastrándome con ella al mundo de los colores irreales, los personajes inexistentes y la violencia absurda. He matado a cientos, quizás miles de estos seres, me he dado baños de sangre negra, grumosa e increíblemente maloliente. Tengo mi habitación tapizada con la piel arrancada de los que un día fueron seres humanos, he practicado sexo con mis víctimas antes o después de arrebatarles la vida y tengo varias cabezas en cajas de zapatos dentro de mí armario con las que me desahogo cuando me siento falto de cariño.
Esto enfermo, necesito ayuda, estoy solo.

Día 274
Me he amputado la pierna, he tenido que cortarla para llegar a los insectos que corrían por el interior de mis venas, les he obligado a salir. Pero ahora tengo la pierna, o lo que queda de ella totalmente negra y me duele como jamás podríais imaginar. La sombra del fondo de mí habitación dice que voy a morir, por primera vez creo que me dice la verdad y por eso escribo esto a modo de despedida.
Espero que mí diario ayude a quien se lo encuentre y si está en mí misma situación consiga sacarle algo positivo para poder sobrevivir, aquí termina mi viaje a la demencia incontrolada a la que he sido arrastrado Contra mí voluntad.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Cementerio

El cementerio de las ideas que un día rebosaron en las mentes despiertas de los hombres esta atestado de lapidas antiquísimas, corroídas por el tiempo y casi enterradas completamente por la erosión pues las lluvias había arrastrado durante décadas la tierra de las altas montañas hasta el lugar donde las lágrimas de sangre eran habituales en otras épocas, donde yacían los restos de las ilusiones, las esperanzas, las fuerzas y el amor. Hojas secas por doquier caídas de los altos arboles que ahora dominaban el paisaje, tumbas quebradas por el tiempo, llenas de moho y colores mugrientos, letras ya disipadas entre las cicratices del tiempo y ni tan siquiera un solo llanto que las acompañara. Un lugar sombrío, casi blanquecino por la niebla. Triste, silencioso, solitario...

¿Por que ya nadie llora en este lugar?, ¿por que ya nada es enterrado por aquí?, las ideas simplemente se extinguieron para la perpetuidad, es por eso que los cementerios ahora están vacíos, pues no hay nada que enterrar en ellos.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Restos de una civilización

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Miré atentamente los restos de la ciudad que ante mí se levantaba y recordé lo que en otros tiempos había sido una gran urbe repleta de vida contaminada; ahora los árboles crecían entre las piedras que un día formaban los majestuosos edificios. Mis ojos destellaban luz como antorchas, disfrutaban ante cada detalle de aquel lugar inhóspito e intentaban imaginar como fue su fin.

Lo que antes era un gran edificio de oficinas ahora no era más que unas ruinas con un solo muro por el que trepaban hasta el cielo grandes ramas, un santuario de vida alada con nidos por doquier.

Por todas partes corrían animales de todos los tamaños, el pasto ocultaba lo que antes eran carreteras por las que fluían miles de coches, me fijé que de estos solo quedaban algunos hierros oxidados donde ahora vivían insectos y algún mamífero pequeño.

Desde el cielo limpio de nubes, de luces y contaminación me miraba un sol distinto y el viento que soplaba era puro. Respiré un oxígeno como antes nunca hubiera imaginado que existiera, un oxigeno que lleno mis pulmones hasta casi romperme el pecho.

Caminé durante horas y no pude ver una sola vivienda sin que le faltara una pared o a la que no se le hubiera caído el techo. Por fin desde el centro del ayuntamiento había crecido algo verdaderamente hermoso, un interminable eucalipto que dominaba la ciudad desde las alturas.

Rodeado de paz y el silencio de la naturaleza esbocé una sonrisa y recordé que esta no era la única ciudad que había perecido, todo el país, el continente, quizás el mundo entero se encontraba en la misma situación y me dí cuenta que finalmente podía considerarme una persona dichosa, la herida de mí corazón estaba curada y ya no sentía miedo.

-He sobrevivido al ser humano -me dije-, he sobrevivido y tengo la fortuna de poder ver con mis ojos su propia destrucción y los restos de sus cadáveres en formas de escombros. Por fin puedo pasear por estas calles llenas de esperanza y futuro, la perfección me rodea y soy feliz, si, ¡lo soy!. De lo único que siento lástima, de lo que me lleno de arrepentimiento... yo no hice nada para colaborar con el fin del mundo tal y como lo conocía, ¡yo debería haber sido el exterminador del infierno en la tierra!.

Dos lágrimas resbalaron entonces por mis mejillas, después de tanto tiempo volvió mí garganta a emitir un sonido, el del avergonzamiento en un grito desgarrador y lleno de enfermiza angustia.

-Soy igual de culpable que el resto de los hombres, ¡si, lo soy!, soy igual de egoísta y comparto con todos ellos sus mismas carencias, fallos y soy igual de culpable en sus injusticias... jamás las compartí, es cierto, pero nunca luche contra ellas ni cuando sobrepasaron todos los límites. Ahora me doy cuenta que soy la última bacteria que queda sobre la tierra, lo único que impide que esto sea realmente un paraíso.

Mí felicidad ahora era tristeza, en solo un momento mí alma había dejado de volar libre para volver a estar encadenada, esta vez, a la vida. Desee, deseé estar muerto.
Pero no, no moriré -susurré a la madre tierra- soy el último atisbo de una enfermedad, ¡de tu cáncer!, y si, ¡te va a costar eliminarme del mundo!...
Guarde silencio un segundo.
-Yo me acuso de ser el mayor mal de la creación -grité

sábado, 15 de agosto de 2009

El rey y la princesa

Hace mucho tiempo, en un país muy lejano vivía un buen rey con una hija muy hermosa en un gran castillo situado en un exuberante valle, con más de un millón de flores y un lago de aguas cristalinas donde nadaban miles de pececillos de colores. El rey era muy feliz en su querido reino con su adorable familia, el sol iluminaba cada mañana los rostros sonrientes de todos sus sirvientes y pensaba ya con su avanzada edad que nada podría ir mal, que dejaría todo bien atado a la hora de su muerte.

Sin embargo una mañana su joven esposa enfermó y callo en cama dos semanas completas antes de sucumbir y dejar la vida para ir al reino de los cielos. Para colmo de males, su hija rompió los lazos prematrimoniales que tenía con el príncipe vecino impidiendo de esta forma una importante alianza entre naciones que hubiera traído muchísima prosperidad a todos cuantos Vivian bajo el mandato del rey.

Tuvo entonces el rey, que contraer matrimonio muy a su pesar con una joven princesa de otra nación para establecer unas buenas rutas comerciales y que así no decayera el bienestar de su castillo.

La nueva reina era una hermosa chica que contaba con apenas unos años mas que la hija de nuestro rey, esta última como era la heredera natural de todos los bienes conocidos, era muy envidiada y temida por su nueva madrastra, era tal el temor de esta a perderlo todo que casi rozando la locura envío a unos hombres del pueblo que solían regentar tugurios de mala fama a matarla, pero ellos en lugar de acabar con su vida y tras violarla, decidieron que sería más rentable obligarla a prostituirse en una casa de citas de la capital, tapándola eso si, el rostro con una mascara de cuero para que así nadie la reconociera.

El viejo rey callo en un profunda depresión, perdida su esposa y ahora su hija no tenía nada por lo que vivir, de un día para otro comenzó a tratar mal a sus sirvientes, exigió más impuestos a los campesinos y fue mucho más duro con los ladronzuelos de los barrios pobres pues con las torturas, junto a las ejecuciones hacían que el rey ahogara sus penas y su resentimiento contra el mundo que tan mal lo había tratado. Destruida su buena fama con una rapidez nunca vista, ahora era conocido como el tenebroso, aquel que hacía llamar a las prostitutas a palacio para fornicar violentamente y golpearlas, llegando en alguna ocasión a matar a alguna joven de mala la vida, sin embargo de entre todas, se encariño sin darse cuenta por una chica de cuerpo perfecto, sinuosas curvas a la que ocultaba su rostro una mascara de cuero, era a la única a la que no golpeaba y trataba con cariño cuando utilizaba su cuerpo para satisfacer sus lascivos deseos.

En el pueblo los hombres cansados de pagar los altos impuestos, artos de que les mataran a sus hijos por robar trozos de pan o incluso por la escasez de señoritas de compañía se organizaron y decidieron que el límite que había sobrepasado el rey era ya más que suficiente, asaltaron y prendieron fuego al castillo matando a todos los que en su interior se encontraban. Tuvo suerte el rey, pues se encontraba en ese momento junto a su delicada rosa, sobre una cama de seda en la casa de un duque muy amigo de la familia.

Cuando la joven vio que su madrastra había muerto, una noche se retiro la mascara y confeso al viejo quien era, el rey se dio cuenta que esa joven era su propia hija y la obligo a casarse con el, sin saber eso si, que la noche de bodas, un pajarillo que todo lo había observado entraría por la ventana de su habitación y le arrancaría los ojos a picotazos, transformándose posteriormente en la difunta reina, la cual cuidaría no solo del reino si no también de la joven hasta que todo, esta vez si, estuviera bien atado.

El rey fue encerrado en una habitación tapiada de su castillo donde nunca mas vería la luz del sol hasta su muerte.

NOTA: Cuento inspirado en los Hermanos Grimms

sábado, 1 de agosto de 2009

Una visión extrema



Nadie recordaba una tormenta tan dura como la que descargaba aquella noche, los rayos iluminaban las montañas mas altas de aquella meseta a varios miles de metros de altura, el pico mas alto, era apenas igual de ancho que el castillo que sobre el se ubicaba, los truenos conseguían hacer creer que los vidrios de las ventanas se fueran a romper en mil pedazos y el viento silbaba tan fuerte que hubiera asustado al más valeroso de los caballeros.

Como es de costumbre en estas historias, en la mas altas de las torres, sobre el edificio central del majestuoso castillo se encontraba aquel del que trata esta historia, el único habitante de este lugar inaccesible en la cima mas alta de toda la nación. La mas grande y hermosa así como tétrica obra levantada por la mano del hombre no solo en este reino, si no en todos los reinos conocidos y por conocer.

Dentro de la torre, la oscuridad reinaba ante un hombre en estado de lenta agonía, oscuridad que solo se veía quebrantada por la luz de aquellos rayos que entraban por la pequeña ventana circular que tenia la habitación, llena de mugre, ratas y moho.

El hombre, se encontraba en un estado Deplorable, mas sucio que el mas pobre de los mendigos, no le quedaba un solo incisivo, canino o molar en la boca, vestido con harapos en lugar de ropas y tirado sobre una cama putrefacta llena de vómitos, orinas y defecaciones que había acumulado durante semanas enteras. De su boca solo salía pequeños alaridos de horror, angustia o dolor, no sabría exactamente decir de que se trataba.

La soledad que había albergado su corazón finalmente domino su realidad y era solo por esto que no tenia a nadie desde hacia muchísimo tiempo a su lado, ahora el daría todas sus posesiones por sentir el sentimiento de alguien hacia su persona, no necesariamente Necesitaba amor o sentirse querido, le bastaría con ser odiado o despreciado... Sin sueños ni esperanzas vivió toda su vida, sin ideas ni ambiciones, jamás lucho por nada pues todo lo tenia, o eso creyó siempre, ahora simplemente tenia eso, la nada, el vacío completo.

En un estado casi catatónico y de psicosis, ni el sentimiento de arrepentimiento su cerebro podía procesar con una lucidez básica, deplorable ser humano, restos de lo que un día fue un joven robusto y que se condeno a si mismo sin darse cuenta durante muchísimo tiempo.

Ahora en aquella Lúgubre habitación de su corazón solo tenia un alma podrida por el tiempo y la sin razón, su interior lleno de mierda, el vacío y la locura producida por una sociedad diabólica y voraz que destruye a todo ser vivo que se deja dominar, cuando simplemente todo se ha venido abajo, incluso los sueños y esperanzas nunca deseados.

En su propia tormenta interior, sin ilusiones de futuro, en el castillo que todos tenemos en el fondo de nuestro ser y que gobernamos como reyes místicos ya no quedaba nada, tan solo lagrimas y lamentos, una visión extrema del interior del ser humano normal.