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martes, 7 de febrero de 2017

Micro-historia de amor

A veces sueño que por mera casualidad conozco a la chica de mis sueños: ella es perfecta en todos los sentidos. Es hermosa como la primavera, misteriosa como la Luna y sensual como un deseo prohibido.

Me enamoro de ella, y ella se enamora de mí, y bajo una noche de verano hacemos el amor con un manto de estrellas sobre nuestras cabezas...

Luego, descubro que es del Madrid y la dejo, a tomar por culo guarra de mierda, vete a ver el chiringuito y la caverna con tus muertos hija de la gran puta.


Es todo un país unido en una sola pasión: El anti-Madridismo.

sábado, 13 de febrero de 2016

Hubo

Primero no hubo nada, ni tiempo, ni color, ni espacio, ni sonido. Nada. Pero luego todo arrancó, llegó la oscuridad y el contar del reloj, el espacio se amplió y del mismo modo que antes no había nada, ahora lo era todo.

Surgieron los colores, la luz y el calor. Todo se extendió con rapidez y abarcó lo que antes no existía. Hermoso y complejo creció hasta convertirse en un gigante, y luego, aún fue más grande.

Donde antes no había nada, ahora había un todo, múltiples cosas ocurrían por todas partes; aquí, allí y más allá. Aparentemente caótico, realmente era un proceso perfecto, preciso y precioso.

Y de repente ya nada se podía hacer, el ciclo había comenzado, sin avisar a nadie, había comenzado y era inevitable.

A medida que aumentaba su tamaño, se aceleraban los acontecimientos, era imparable y caminaba aún sin saberlo de nuevo hacia la nada. O casi, tal vez ya siempre fuera algo. Como un recuerdo. Como una sonrisa. Como un destello.

La luz creció, la luz lo tomo todo, y por primera vez la conciencia de lo que ocurría llegó, y al llegar esta llegó el dolor, el amor, el miedo y la ilusión.

Todo era bello con el paso del tiempo, y al mismo tiempo tenebroso, desde lo más inmenso hasta lo más pequeño, desde lo cotidiano hasta lo extraño, desde lo simple hasta lo complicado.

Pero como digo caminaba hacia la nada, y la nada acabaría llegando. Nada es para siempre, ni esto, ni aquello. Ni lo bueno, ni lo malo. Ni lo tuyo, ni lo mío, ni lo eterno.

Todo se desgarró, la luz, el fuego, la oscuridad y el frío. Los colores se apagaron, el tiempo se extinguió y la nada llegó.

Al final no hubo nada, ni tiempo, ni color, ni espacio, ni sonido. Nada. O tal vez algo, como un recuerdo, una sonrisa o un destello.

Sí, realmente hubo algo. Hubo un todo. Hubo un esto y un aquello. Hubo una luz y una oscuridad. Hubo caótico y perfecto. Hubo. Simplemente hubo y nada lo podrá borrar, ni tan siquiera la propia nada.

De cierto modo, es eterno.

sábado, 6 de abril de 2013

Periodo II: La primera aventura (III)

En este episodio el guerrero enfrenta la primera gran misión de su vida, ¿saldrá victorioso?.
 
  Periodo II: La primera aventura (III)

    Simplon fue rápido y conciso, me explicó de forma muy apresurada que recientemente el Lord del castillo estaba tratando de restaurar las ruinas de Agony y Despair, un proyecto algo loco dada la escasez de recursos locales. Es cierto que el territorio de Gludio es uno de los mayores del Reino, tanto de Aden como de Elmore y tan solo equiparable en extensión con el de Oren. Pero el nivel de la comarca, tanto políticamente como económicamente está anclada en el pasado y es una de las regiones más pobres del mundo conocido. Gludin ha crecido mucho gracias a su mercado naval y a su puerto que lleva viajeros a Goddard, Talking y Girand, pero el echo estar tan alejada de la capital del reino lastra su economía e importancia. Si esto no fuera poco, también perjudica la distancia que existe entre la ciudad y el castillo desde donde el lord gobierna Gludio.
     Sin embargo, si a estas tres ciudades le sumáramos unas reconstruidas Agony y Despair la población crecería, y por consiguiente, la importancia política de lord local también, superando, o eso esperaba él -líder de la Alianza Einhazan-, a otros castillos como Dion -del también era de copropietario, ya que estaba regido por un clan aliado- Oren o incluso Heine. El crecimiento político propiciaría mayor comercio y por tanto, mucho más oro en impuestos, que en la zona eran del nada despreciable quince por ciento.
     En definitiva, el lord había solicitado al gremio de guerreros, la Warrior Guild, que limpiara de esqueletos y fantasmas las ruinas, unos espectros que la poblaban desde la finalización de la guerra tras haber perdido la vida en ella. Me dijó que si quería conseguir la Sword of Trial primero debía actuar como un warrior de verdad y por tanto me puso a trabajar en la limpieza de estas ruinas, teniéndole que traer como prueba de mi buen hacer, unas cuantas espadas oxidadas de los espectros que eliminará.

    
    Sin objeción alguna me puse manos a la obra, y poco tiempo después me encontraba frente a la puerta de Agony, ante la pared desquebrajada, sin color y medio derruida que antaño fuera la muralla de la ciudad. Esta construcción nacía de la linde de unas montañas bajas que creaban una especie de valle de muy escasa altitud, donde se ubicaba la ciudad.
     Un paso, dos, tres, decidido pero temeroso, provocativo pero con mesura, un manojo de nervios echo guerrero. Mi primera prueba, ¿estaba realmente preparado?, ¿era este mi verdadero camino? Las preguntan me atosigaban creandome indecisión, haciéndome sudar más de la cuenta. El ramaje muerto de un enorme árbol que sobresalía entre los escombros me daba los buenos días. El cantar de los pájaros desaparecía a medida que me acercaba a la entrada y su lugar lo ocupaba un sonido sordo de muerte, el rechinar de las articulaciones de los no muertos a cada movimiento, las voces de ultratumba, de tono doloroso...
      Una persona sensata habría salido corriendo, pero yo deje a mi espalda cualquier tipo de cordura y penetré en el reino de la pesadilla, por aquel marco que separaba el mundo de los vivos con el de la muerte, y muerte fue lo primero que encontré. A mi izquierda una silueta traslucida con una espada curva de color rojizo, era un esqueleto fantasmal armado con una poderosa hoja a la que el tiempo no había echo mella alguna. A sus espaldas una hilera de casas derruidas en la que apenas me fijé, ya que frente a mi, en el centro de la amplia callejuela, mucho mayor que las vistas en Gludio o Gludin, deambulaban más cadáveres. Estos eran terrenales, uno con un arco junto al pozo que coronaba el centro de la arteria de la antaño ciudad, otro, armado con un escudo hacía la ronda con paso tembloroso, como si en cualquier momento se fuera a caer y desarmar, y a mi izquierda, otro demonio traslucido con su mirada prendida en mi...
      Inconscientemente moví una pierna, noté como el suelo árido se apartaba de mi bota a medida que la arrastraba hacia atrás entre piedrecitas y arena. Mi puño prieto sostuvo la espada hacia mi costado derecho mientras mi mano contraria levantaba hasta la altura de mis ojos el escudo, como si tratara de ocultarme... Me había visto, lo sabía, vendría a por mi y no estaba solo, la enorme vía desierta que se habría ante nosotros era increíblemente ancha y no solo los cadáveres que se veían a simple vista en el centro del camino, no solo el ser fantasmagórico de mi derecha, si no que también los seres, innumerables ellos, que se encontraban entre las casas derruidas nos verían y se unirían a la lucha en mi contra. El brillo de un escudo tras una ventana, la sombra esquelética detrás de un muro... Decenas de ellos por todas partes, y yo no podría con uno solo, mucho menos contra todos.
      Un momento después de ese segundo intenso, de miradas cruzadas, de advenimiento mortal, la espada curva golpeaba contra mi escuálido escudo con una fuerza descomunal. Fue por poco y tras un traspiés, pero conseguí mantener el equilibrio, alzar la mirada, desplazar mi escudo hacia delante en el momento justo en el que iba a recibir un segundo golpe, para tratar luego de desplazar con otro movimiento su espada fuera de mi camino, acto seguido contraatacaría con mi mano diestra sin oposición alguna... Pero su golpe de nuevo fue demasiado duro, más que el anterior. Gruñí al recibir el impacto, el escudo se ladeo débilmente en mi brazo, y cuando quise hacer el movimiento para desplazar el arma del enemigo, apenas surtió efecto, en consecuencia, mi estocada fue débil y lenta, y apenas hube rozado su inexistente cuerpo cuando pudo parar el golpe con el rojizo hierro... mis dudas sobre la victoria se confirmaban mientras el ser vociferaba en una extraña lengua con un voz gutural. Jamás podría vencerle, no solo eso, dudaba muchísimo que mi espada pudiera hacer mella en sus huesos traslucidos ¿no lo atravesaría en el momento, lejano, en el que consiguiera golpearle con mi arma?.
     En ese instante una flecha rozo mi cuello, y note como se acercaba otro de aquellos esqueléticos soldados apuntándome con su arco. Iba a morir, solo tenía unos segundos para aceptarlo, para comprender que allí se acababan mis aventuras, que jamás visitarías Aden, ni recorrería como hizo mi padre las plantas malditas de la Tower of Insolence, no tomaría castillos ni mataría grandes dragones, todo había llegado irremediablemente a su fin... Pero algo ocurrió entonces, una luz centelleante, una bola de fuego dio contra mi nuevo atacante a solo unos metros de llegar a mi, lo hizo caer y solo un segundo después vi ante mis ojos como se materializaba la fuerza vital del no muerto en dos bolas rojas que eran absorbidas por un humano que había aparecido justo detrás de mi, acababa de matar definitivamente al espectro, le había durado un suspiro.
     Contra todo pronóstico, resistí una tercera embestida de mi enemigo, que seguía golpeándome con saña. Estaba en el límite de mis fuerzas, pensé en dar media vuelta para echar a correr, tal vez podría llegar hasta la puerta con la ayuda del mago, pero una flecha atravesó mi pierna. Entonces recordé al arquero... Caí al suelo sobre la rodilla de mi pierna buena, con el escudo levantado hacía el fantasmagórico esqueleto, esperando un cuarto y definitivo golpe... Golpe que nunca llegó, pues el mago seguía allí, su superioridad era tal que aquello no se podía catalogar como una simple lucha, más bien como una masacre. Como pude me incorporé y retrocedí hacia la puerta, mientras aquel joven arrasaba el lugar, luces de colores salían de su bastón a cada ataque, eran blessed, un tipo de pastillas que aumentaban el poder de cada golpe con una explosión química, unas pastillas que yo en aquella época aún desconocía, pero que más adelante me ayudarían muchísimo en mis aventuras.

     Crucé el marco de las ruinas, en silencio, aceptando mi derrota, supe entonces que tendría que encontrar otra formula para lograr aquellas espadas y poder ingresas en la Warrior Guild...

miércoles, 3 de abril de 2013

Periodo II: La primera aventura (II)

Continua las aventuras en el reino de Aden de nuestro espadachín aventurero. La historía prosigue tras un largo tiempo de parón, pero más vale tarde que nunca. Capítulo dedicado al servidor Ultima Alianza-Reborn, recienetemente cerrado tras 6-7 años de vida, donde se desarrolló esta aventura.

 Periodo II: La primera aventura (II)

    Sin más tardar, preparé la mochila dejando lo que no necesitaba en mi Warehouse de Gludin, y saliendo por la puerta Este tomé rumbo a la conocida Gludio que tanto frecuentaba, para encontrarme con aquel viejo guerrero venido a menos.
Gracias a mi experiencia reciente seguí fielmente el camino, sin mucho animo explorar posibles atajos para evitar encuentros fortuitos con bestias que pudieran darme muerte, aunque hay que reconocer, que la salida de Gludin exponía a poco peligro. Era una simple recta protegida por laderas elevadas a ambos lados, lisas y sin maleza, creando una pequeña cordillera, mayormente en la cara norte del camino, tan solo empañadas por unas protuberancias rocosas cubiertas de musgo en sus inicios, que iban desapareciendo a medida que te alejabas de la urbe.
     Cuando llegué a la primera bifurcación del recorrido, el cual tenía que tomar hacia el norte, la cadena montañosa pasó de estar a mi izquierda para ubicarse a mi derecha, es decir, el lado este de la senda, impidiendo a los viajeros como yo poder acortar camino campo a través, algo que por otro lado a mi no me molestaba en absoluto, ya que con este muro natural que ladeaba toda esta parte del trayecto hasta prácticamente las ruinas de Agony, me aseguraba protección contra posibles ataques desde esta dirección y por tanto, podía centrar mi atención en el lado contrario, en el cual se ubicaba el Abandoned Camp, un lugar un tanto peligroso para mi. Los OI Mahum eran rivales duros, sobretodo por mi precaria armadura que no me defendía lo suficiente de sus mortíferos golpes.
     Una en el cruce de la entrada de Agony pasadas unas horas, me percaté del paisaje que me rodeaba, tanto el que había recorrido, como, y sobretodo, el que me quedaba por recorrer. Observe mientras tomaba aliento las llanuras cubiertas con el verdor de la hierba, con las enormes montañas de sierras lejanas que limitaban el paisaje casi en el horizonte, así como pequeñas zonas boscosas de encinas centenarias que presentaban una sombra ideal para relajarse tumbado contra sus troncos. Algo más que tentador, no solo por el cansancio del largo viaje, también por los rayos de sol que caían desde el extenso cielo azul que gobernaba el día, haciendo sudar mi cuerpo y por tanto, acrecentando la fatiga de mis piernas.
     Tras dejar de lado las ruinas y tomar el camino derecho en el cruce de esta antigua ciudad, solo me quedaba un trecho de camino recto para llegar a mi destino, aunque tal vez fuera el más peligroso del recorrido, y no por bestias animales, si no por bestias humanas, o elfas, o enanas... las bestias asesinas que poblaban como siempre la zona. De todas maneras, en esta ocasión tuve suerte y el camino finalizó sin mayores contratiempos, pudiendo entrar en Gludio sin haber perdido un solo minuto desde mi partida.

      Gludio es una aldea pequeña, así que no tardé mucho tiempo en llegar a la tienda de armas donde encontraría a Simplon, miembro del clan de guerreros. Ya había estado en su interior en otras ocasiones, pero nunca me cansaba de lo acogedor que era aquella sala, nada que ver con los vendedores de mercadillo que llenaban fuera las calles. Puede sonar absurdo, pero creed cuando os digo que no es lo mismo hacer una compra a descubierto, entre el griterío de la gente, con la calor de la tarde o el frío de la noche, a hacerlo junto a una chimenea encendida, en un clima agradable, con un suelo bien pavimentado, incluso el hacerlo sobre una moqueta Andereña de diseño asbstracto te satisface de tal manera que no te importa que a costa de esto suba el caché de la tienda y por tanto sus precios. Por no hablar de que todo lo que allí se podía comprar era nuevo, armas recién salidas de la forja y organizadas en estantes perfectamente mostrados al público. Ademas, y esto es algo muy importante, siempre con disponibilidad de aquello que buscabas, algo que no ocurría en la calle donde tenías que pelear por encontrar un producto acorde a tus necesidades. A todo esto había que añadir el buen trato del tendero, su experiencia en el uso y venta de armas, la capacidad de poder probar cualquier objeto que estuviera a la venta antes de desembolsar el oro por el. En fin, un serie de comodidades que incrementaban el precio de los productos y que uno estaba contento de pagar, sobretodo si disponía de la riqueza suficiente. La única pega que existía con este establecimiento eran los impuestos procedentes del lord del castillo, que incrementaban aún más el montante total respecto a los vendedores ambulantes, haciéndolos prohibitivos para economías pequeñas como la mía.

     Mientras Simplon atendía a un orco de la lejana y norteña Orc Village, le dije amablemente a su compañera tendera, la pelirroja Sydnia, que no podía ayudarme ya que precisaba hablar con él de un tema referente a la Warrior Guild y por tanto esperaría. Para hacer tiempo volví a ojear las armas que se encontraban a la izquierda del mostrador, tres Throwind Knife, espadas de una mano que descansaban en un estante vertical a raz de suelo, y junto a estas, detrás de la pequeña escalera de mano dos enormes Brandish, aceros a dos manos, que más adelante terminaría comprando para mi uso personal En la parte alta, un maravilloso escudo Aspis junto a otros de menor calidad y en la zona intermedia unos extraños cofres que guardaban algo desconocido para mi.
     Observé los estandartes que decoraban la tienda, el más repetido y que colgaba del techo descansando sobre las paredes, eran unos pequeños terminados en pico bien definido, azules con un grifo dorado, ese ave mitológica con cabeza y alas de águila así como patas y cuerpo de león. Su exquisito mobiliario traído de diversos puntos geográficos, una alacena de Heine, un armarito bajo de dos puertas de Giran..., los pedidos de clientes que colgaban detrás de la bella Sydnia y en definitiva, toda la decoración del lugar, desde libros esporadicos sobre muebles a jarras y cuencos decorativos, desde cajas en el suelo hasta las velas que alumbraban el interior del local, desde la bella Sydnia hasta un pequeño baul de madera.
     Simplon tosió intencionadamente para que me fijará en él, pues ya había despachado el orco y según todos los indicios quería hacer lo propio con migo, a sabiendas, estoy seguro, cual era el motivo de mi visita.



martes, 5 de julio de 2011

Periodo II: La primera aventura (I)

Un capítulo más de las aventuras en el Reino de Aden, en esta ocasión con la prueba para entrar en la Warrior League

Periodo II:
La primera aventura (I)

    Decidí armarme de valentía e imaginé que mi padre, que había partido cuando yo tan solo era un bebé, hubo de haberse enfrentado a alguna prueba parecida, pues sus títulos no habían salido de la nada. Me vi reflejado en él, y la valentía recorrió todo mi cuerpo, por cada una de mis venas, junto a mi sangre caliente de aquella isla del sur. Emprendí el viaje, ya no tendría opción de echarme atrás, era el camino que había elegido para mi vida. No tenía miedo, deseaba ser más fuerte, cada golpe de mi espada contra algún enemigo, cada vez que sentía la tensión en los músculos tras un combate, cada vez que era herido manchando mi armadura con mi propia sangre me sentía más poderoso. Poco a poco más cerca de Dion, más cerca de Girand, y de Oren, más cerca de la capital del Reino, la Aden que ocupaba mis sueños.
     Cada paso que me acercaba a Gludin, me aproximaba a mis objetivos, siempre marcados a corto plazo. Primero ser warrior, más tarde conseguir una mejor armadura, así como una buena espada. Buscar experiencias en zonas que aún no había visitado, matar a enemigos más grandes y fuertes... Cada paso que me acercaba a Gludin desataba mi adrenalina, mi primera gran aventura, mi primera gran victoria, atrás quedaban los primeros gremlins, atrás dejaba mi niñez.
     Rodeado de laderas, dejando a la derecha del camino Abandone Camp, comencé a oler el aroma a salitre de la baja mar que era transportado hasta mi por la brisa marina, sentí la humedad en el ambiente, el vuelo de algunas gaviotas, ya estaba cerca.
     Poco después ante mí se encontraba el arco de la entrada este de la ciudad, sobre el podía ver las pequeñas y contadas torres que sobresalían entre las edificaciones, terminadas en pico y construidas con tejas grisáceas, de tonalidad oscura y que antaño fueran azuladas. Así como las innumerables chimeneas que ocupaban los techos inclinados de las casas clan en desuso.
     El camino principal estaba tal como lo había dejado la última vez. Nada más entrar en la urbe caminé sobre el ladrillo claro de cal y cáñamo que formaba la carretera principal, adornado por unas cenefas que lo separaban del acerado contiguo, de adoquines algo más oscuros que dibujaban figuras ovaladas sobreponiéndose unas sobre otras. A ambos lados, las farolas de aceite que al llegar la oscuridad alumbraban el camino. y sobre mi, varios arcos como el de la entrada continuaban hasta el desvió en dirección derecha donde se encontraba la principal plaza de la localidad, justo tras unos cuantos peldaños en una pequeña escalera de piedra. A mi izquierda una casa clan y tras esta el muro de la ciudad, a mi derecha, el majestuoso templo Einhazan a una distancia de trescientos metros, con sus dos altas torres protegiendo el edificio principal. Slgo más pequeño, aunque no menos impresionante, y justo frente a mí, estaba aquel edificio, Warrior Wild, donde me esperaba el Master Auron.

     Auron era un hombre de mediana edad, de cabello claro, un rubio casi blanquecino. Con profunda ojeras y una barba bien cuidada. Con una expresión ruda, de años de experiencia y batallas vividas.
     Me presenté como un joven luchador, con ansias de vivir la gloria. Auron me miró con sus ojos duros y me comentó con una ligera satisfacción -después de todo, le alegraba ver a nuevos guerreros embarcarse en su gremio de luchadores- algo que sin duda había repetido mil veces, ante cientos de hombres y mujeres;

     -Soy Auron, el maestro encargado de enseñar a los jóvenes combatientes, pero una vez fui soldado de la Warrior League, luchando acostumbrado a correr entre la frontera de la vida y la muerte en los campos de batalla. -tras una pausa bien medida, y con un tono de voz algo más profundo continuó- Dime joven, ¿estas dispuesto a unirte a cientos de hombres valerosos y arriesgar tu vida por causas nobles?.
     -Por supuesto maestro. -aseveré con una rotundidad que mi voz se pudo equiparar por un momento a la de mi interlocutor.
     -Para ser aceptado en la Warrior League, -Prosigió tras una chispa, tan solo una, de humor y regocijo ante mi determinación manifiesta- no necesitarás ser un noble acaudalado, ni tan siquiera tener la recomendación de un gran señor, solo debes mostrar el coraje de un guerrero. Aceptamos cualquier hombre o mujer que demuestre tener espíritu y valentía.
     -Demostrare mi espíritu maestro, demostrare mi valentía.- Afirmé con seguridad, Auron me miro tranquilamente, leyendo en mis ojos, descubriendo con su infinita sabiduría si estaba realmente preparado. Por fin continuo como si esta pausa eterna, de apenas unos segundos, nunca hubiera existido.
     -Bien, entonces voy a probar si tienes el verdadero talento del guerrero, es un prueba muy simple, cualquier luchador con una pizca de coraje y espíritu puede superarla.
     -Tan solo dime que he de hacer y solo la muerte podrá interponerse en
mi camino.
     -Para realizar esta prueba, debes encontrar el arma de los guerreros, llamada Sword of Trial. Simplon sabe todo acerca de esta espada, en la actualidad trabaja en un tienda de armas y armaduras en Gludio, pero fue un famoso soldado en el pasado. Ahora, y esto es importante, es tratado con sumo respeto, debes hablarle como si de mi se tratase. Ten esta carta, con ella te recibirá muy cordialmente. Suerte muchacho, la necesitarás.- Tras esta frase, se giró para atender a un joven comprador que aguardaba su turno pacientemente, actuó como si nada me hubiese dicho y yo casi le grite.
     -Partiré de inmediato a Gludio maestro, volveré con la Sword of trial o moriré en el intento.

lunes, 5 de julio de 2010

Periodo I: Dark elven village

Aquí volvemos con las crónicas de Aden, siguiendo la historia del valoroso guerrero en el Reino de Aden con sus primeras batallas y aventuras en la tierra de los elfos oscuros

Periodo I: Dark elven village

    Hongos, muchos hongos, del tipo vegetal ojo. Hongos de un tamaño descomunal que andaban y corrían, quedé anonadado al verles y no solo a ellos. En aquel tenebroso bosque vi cosas que jamás hubiera esperado, aquellos seres de cuerpo rojizo, brazos mal formados, sin inteligencia, que deambulaban dando saltitos de un lugar a otro como si estuvieran perdidos en su propio hábitat... Era la cosa más extraña que había visto nunca, pero concluí que al fin y al cabo serían una buena opción para ir mejorando mi manejo de la espada, también para obtener algo de dinero y como no, algunos materiales que ellos, como el resto de seres del mundo portaban y que al matarlos, se les caían al suelo. Estos hongos, Fungus de nombre real, estaban por doquier en aquella zona libre de arboles, sobre un corto césped y alrededor de unas ruinas antiquísimas que se hallaban en el centro del prado. Entendí, que aquel vegetal no era demasiado fuerte justo antes de encaminarme valerosamente hacia ellos, lo confirmé al ver cerca de la zona a unos cuantos goblins que los cazaban. Parecía que era su alimento preferido, o por lo menos el de más fácil acceso dado los festines que se daban cada vez que conseguían uno. A su vez, los goblins tenían demasiado cerca a unos orcos primitivos, que los capturaban con saber dios que fin.

     Maté muchos Fungus, no todos estos seres eran iguales, aunque a simple vista si lo parecía eran de diferentes ramas evolutivas, ambas igual de accesibles para mi. También me percaté que yo no era el único que entrenaba en aquel lugar, en los bosques y praderas había muchos elfos oscuros que practicaban su poder, tanto con armas como con magia.
      Entrené con ellos hasta que uno de esos abominables goblins cometió el gran error de atacarme. Al sentir su golpe me di la vuelta de inmediato, pues como Goblin que era, me había atacado por la espalda. Ahí estaba ese pequeño e impresentable monstruo, gritandome con extraña voz chillona y macabra. El hedor que desprendía era inconfundible, vestía harapos y un cinturón de cuero que le bajaba desde el hombro hasta la cintura pasandole por la espalda. No sé con que finalidad lo llevaba de esa manera, pero al menos iba vestido, y eso ya era algo. Sin duda el cinturón provenía de lo que alguna vez fuera armadura. Su arma no era otra cosa que un palo mal tallado. su piel sucia estaba tatuada con símbolos extraños. Su cara envejecida desprendía tanto infelicidad como maldad.
      Fue el primer enemigo al que me enfrenté que utilizo armamento contra mi -sin tener en cuenta claro, mi amarga estancia en Gludio-, muy rudimentario, es cierto, pero armamento al fin y al cabo. Mi primer enemigo con una inteligencia básica, lejos quedaban los malditos lobos y Gremmlins de Talkin Island.

      Pronto me percaté, que las historias que contaban de los Elfos oscuros no eran del todo reales, conocí en aquel bosque a muchos de ellos y habitualmente colaborábamos juntos dando caza a bestias locales. Recuerdo vagamente a Kalannar, Adrian1991 o Boix entre otros muchos con los que compartí aquellos días. También recuerdo, como no, a Sparto, aunque a este lo conocí cerca de Gludio, en uno de mis tantos viajes a la ciudad. Viajes en los que iba a comerciar con enanos, para venderles los materiales obtenidos en los entrenamientos del bosque, o para hablar con los guerreros del Warrior Guild donde aprendía nuevas técnicas de ataque y defensa de las que os hablaré detenidamente más adelante.

      Me aventuré alejándome cada vez más de la aldea de los elfos oscuros, la cual se hallaba dentro de una montaña maldita, más cerca de Elmore que del propio Adén, bajo el Lord de Oren. Ocurre algo muy curioso en esta población; es imposible ir caminando sin atravesar otra regiones desde la aldea hasta hasta el castillo desde donde se la rige. Una descomunal cordillera de montañas así lo impide. Siempre me pregunté, como gobernaban este lugar desde la ciudad acorazada, no había caminos hasta aquí para traer mercancías, ni había forma de comunicarse sin un gran viaje atravesando Girand, Dion y Gludio.
      Como decía, me aventure más allá, donde los hongos eran mas simples que cucarachas en comparación a lo que enfrentaba... El pantano fue un tiempo mi segundo hogar, mis avances en la danza de la guerra mejoraban día a día, ya que solo un tiempo atrás semejante lugar hubiera poblado mis peores pesadillas. Tiempo pasado... Yo ahora yo luchaba allí, contra espectros de cuyo brazos brotaban afiladas cuchillas, casi invisibles entre la niebla que cubría esas charcas de agua nauseabunda. Contra zombies de carne putrefacta y el color verdoso de la podredumbre, Luchar contra los cadáveres vueltos a la vida me daban una experiencia sin igual, no eran unos rivales adecuados para los magos, resistían muy bien la magia, pero nada tenían que hacer contra un buen aprendiz de guerrero.

      El dinero era un problema para mí por aquel entonces, todo era sumamente caro, cualquier arma decente era inasequible para mis modestas adenas. Los impuestos de los castillos más el alto precio al que vendían sus creaciones los enanos a las tiendas de armas y equipamiento hacían subir los precios en Dark Elven Village y Gludio de manera desorbitante. Siempre estaba la opción de los mercadillos no oficiales de Gludio y Dion, pero no siempre encontraba los complementos de armadura o espadas que yo requería. Así pues me costó mucho ir renovando mi equipo de combate, una de mis compras más importantes me costó poco mas de 60.000 adenas, era un gran arma de dos manos, la Brandish que me acompañó una pequeña temporada. La compré un tiempo después de dejar el bosque de los elfos, cuando me asenté en Gludio durante una época.

      Visité la gran School Of Dark Arts, semejante laberinto a cientos de metros bajo el suelo debió de tardar siglos en construirse. Aquella mística construcción era mi perdición cada vez que me atrevía a descender por sus pasillos de cientos de metros de altura, plagados de esqueletos diabólicos y otros seres aún más espeluznantes, seguramente restos de los hombres con los que los elfos experimentaron en ese lugar su magia negra.
      Tanto con dagas como con arcos, esos sacos de huesos luchaban contra mi, y e de decir, que tuve suerte en aquellos pasillos y salas, ya que en una de mis osadas exploraciones a su interior, justo tras bajar aquella interminable cuesta, cuando el cielo no era mas que una línea sobre mi cabeza en lo alto las extensísimas paredes, pasando las salas de los orcos, tras matar uno de aquellos arqueros pude recoger su magnifico arco del suelo, con el que comercié en Gludio y conseguí adenas frescas que me fueron muy útiles para salir de mis apuros económicos.

      No fue ese mi único golpe de suerte, una agradable tarde me sentía con fuerzas de andar y conocer el lado opuesto de Dark Elven. Me habían comentado la belleza del lugar, así que marché hacia el bosque de la luz. No estaba lejos pero tampoco cerca, un paseo tranquilo, para disfrutar del agradable clima y la belleza de la naturaleza. Paseaba oyendo el cantar de los pájaros, saludando a los caminantes, observado a los elfos nativos que por allí entrenaban... y cuando estaba aproximadamente en mitad del viaje, en el suelo de aquel camino y abandonada o perdida por su dueño, encontré abandonada una daga que me ayudó de nuevo en el tema económico. Pude venderla por más de 200.000 adenas, ¡canto dinero junto!. Lo invertí en nueva equipación y dudaba si volvería a tener tanto dinero junto. El viaje era perfecto en todos los sentidos, aprendí una gran lección ese día, nunca le hagas el feo al caminar, pues nunca sabrás lo que puedes encontrar en tu viaje.

      Y a todo esto, que decir de la ciudad de elfos... simplemente maravillosa, estaba sobre un lago de cristalinas aguas, como si levitara mágicamente. Era un poblado circular con varios puentes que te llevaban a ella. La ciudad crecía alrededor de árbol inmenso, milenario, plantado por algún elfo de épocas pasadas en el centro de la plaza más grande, se notaba en el lugar alegría y cordialidad, fue un buen viaje, siempre lo recordaré.

      Dejando de lado esta visita, solíamos estar mucho tiempo entrenando los elfos y yo, sobretodo en la zona de Black Rock Hill. Lo que allí había era difícil de creer, grandes rocas con vida, con brazos y piernas. Era increíble luchar con aquellos monstruos, sin duda, lo más espectacular que había visto hasta ese momento en mi vida. Más incluso que las malditas arañas. Los golems -que así se llamaban- eran perfectos para endurecer nuestros músculos, golpearlos una y otra vez nos hacia fortísimos, y sus golpes eran ideales para hacernos insensibles al dolor. Nos prepararon para ir a la ciudad, esta vez si, de Gludio.
      Días enteros estuve en Black Rock, y muy gratamente viene a mi memoria aquellas tardes donde acompañado por los elfos oscuros, poníamos en practica nuestras mejoras en el combate. Evitando eso si, a las malditas arañas y su mortífero veneno.
      Justamente en aquella época empecé a disfrutar como guerrero, a sentir el poder físico de mi cuerpo y a alegrarme de haber elegido este como mi destino. Ir en cabeza, eligiendo a que enemigos golpear, mientras mis amigos oscuros, más débiles en nivel y también en defensa, me seguían como a un líder, no tenía precio. Tenían que evitar ser las victimas de las acometidas de los golems, yo como humano estaba echo de un material más resistente, una mejor condición física para aguantar las sacudidas bestiales de las bestias de roca... Eso hacía sentirme superior, y me encantaba tener más responsabilidad, como el jefe del grupo, el que los guiaba a la victoria o los conducía a la muerte...

     Sí amigos, días enteros antes de marcharme de allí, antes de verme capacitado para enfrentarme a asesinos y bestias en Gludio. Y no miré atrás, pensando que nunca echaría de menos aquel lugar, cuan equivocado estaba, y cuanta nostalgia siento ahora... Pero por otra parte no me arrepiento de haberme ido, ya que nada más partir, al llegar a la ciudad, supe que había llegado a oídos de un gran guerrero de Gludin mis hazañas, y que podría, si hablaba con él, hacer una peligrosa misión, para ganarme el titulo de Warrior.

jueves, 1 de abril de 2010

El poder de los dioses (II)

Y el sol se alzó una mañana más sobre el hermoso paraje proyectando sus sombras bajo los centenarios árboles que cubrían todo lo que alcanzaba la vista, los animales despertaban junto al cantar de los pájaros, todo era como una postal de cuento.

En un rinconcito de este maravilloso lugar, apoyado contra un tronco caído de lo que una vez fue un árbol se encontraba el de nuevo joven y hermoso pero feroz protagonista de nuestra historia. Hubiera sido un día normal salvo porque esa mañana la vio, la vio teniendo sexo lascivamente esa mañana con otro hombre, y él no puedo evitar que todas las emociones que había dejado atrás volvieran a él con más fuerza si cave, brotándole la cólera desde lo más profundo de su cuerpo, desgarrándole la piel, vomitando rabia en forma de fuego, llorando magma incendiario.

El día se cubrió de nubes y comenzó a llover acido puro que quemo todo lo verde del bosque, mato toda la vida en kilómetros a distancia, la cólera lo consumió y desde lo más profundo de sus entrañas brotó la muerte que una vez le fue otorgada, una ola de peste bubónica recorrió el mundo dejando a su paso solo muerte y putrefacción.

Pero allí seguían los dos enamorados como si nada ocurriese a su alrededor, como si una barrera de cristal impidiera que nada les afectara, ante esto, al volver a mirarles, consumido por la cólera y la muerte no pudo evitarlo, y de sus entrañas brotó el la guerra que una vez le fue otorgada, el odio se apodero del mundo creando batallas y conflictos en cada rincón del firmamento, dejando a su paso solo destrucción y violencia.

Y una vez más, al mirarlos, los dos enamorados seguían inalterables, desnudos fornicando en ese círculo de placer que los rodeaba y protegía, consumido por la cólera, la muerte y la guerra, de sus entrañas brotó el hambre que una vez le fue otorgada, la miseria y la escasez tomaron el resto del mundo creando la pobreza y la injusticia, dejando a su paso solo cadáveres e inanición.

Fue entonces cuando todos los poderes se volvieron contra él, él cual comenzó a devorarlos a grandes dentelladas con su boca sin dientes y casi sin encías, hinchándose de forma grotesca, deformada, sus músculos ahora eran bolas deformes explotando aquí y allá, la piel que los contenía, sus músculos, eran morados, oscuros, de sus venas abiertas surgía en forma de torrente una sangre coagulada y casi putrefacta, era un espectáculo tan dantesco que no puede ser descrito.

Cuando hubo devorado por completo toda cólera, la muerte, la guerra y el hambre, alcanzando en el proceso una altura de decenas de metros vio ante él, el horizonte que había creado de destrucción y muerte, el planeta arrasado completo. Imploró, imploró nuevamente a los dioses, para que le libraran de aquel pesar.

Y la sangre brotó aun con mas fuerza cuando las espadas cercenaban su carne a manos de los dioses, llenado con esta todos los ríos del planeta, de los pedazos de carne que caían sobre los campos se creo el abono del que crecerían las plantas y de la putrefacción de los mismos, la vida cual gusanos que devoran los cuerpos muertos.

Los cuatro dioses gastaron todos sus poderes para exterminar a tan abominable criatura muriendo de agotamiento, al morir ellos, murió la cólera, la muerte, la guerra y el hambre, vagando desde entonces todas a su antojo por cada rincón de la tierra.

En este mundo nuevo tan solo quedaron dos figuras puras, la de los enamorados que se elevaron hasta el cielo, con un poder tan maravilloso que no tenía cabida en este mundo, el poder del amor, el poder del sexo.

martes, 23 de marzo de 2010

El poder de los dioses (I)

Esta historia trata de un joven sin nombre que tras una rápida niñez creció precozmente bajo la tutoría de dos ancianos brujos, por ello, siempre fue rechazado, por temor. Siempre tuvo grandes complejos, se sentía infravalorado, triste, falta de seguridad y jamás creyó que pudiera superarlo, sin embargo, con el tiempo lo logró más facilmente de lo esperado, pues el amor había entró en su vida, lejos quedarón los días oscuros y solitarios en los que sollozaba en soledad, tras muchos años, ahora nuestro peculiar personaje se sentía tranquilo, feliz, realizado...

No se trataba, aunque pudiera parecer, que esta felicida proveniera del amor que sentía hacia su amada, si no que lo hacia exclusivamente del amor que ella sentía por él, le gustaba sentirse amado y deseado por alguien, era egoísta si, pero no necesitaba nada más para ser dichoso, consiguió con los elogios de su pareja amarse a si mismo, reconocer sus cualidades, sentirse importante ante los ojos de la gente.

El la trataba mal, a cada mala palabra que le lanzaba le hacía sentirse mejor pues el echo de que le soportara era interpretado por él, como que la dependencia y el amor que inspiraba era incomparable con nada, el sufrimiento de su amor de cierta forma era su satisfacción.

Sin embargo y como era previsible, pasados unos años, justo después de un placido verano, junto a las primeras lluvias otoñales ella decidió que no le aguantaría más, se arto de los malos modos, de los golpes y el desprecio.

Él enloqueció, lo que en otros momentos fueron sus bellos cabellos dorados ahora eran guiñapos de pelo negro, el color de sus ojos pasó del verde más hermoso imaginable al gris lastimoso mas sucio que pudiera existir, de entre los poros de la piel antes hermosa y suave surgieron ampollas y heridas que nunca supuraban llenándole la cara de sangre, pus y manchas, su cuerpo en si mismo se consumió rapidamente en algo viejo y débil, y en su lamento imploro a los dioses, lloro lamentablemente mientras su vida se marchitaba, mientras su corazón sangraba amargamente, tal fue su desconsuelo que ante el se presentaron los cuatro dioses del firmamento, el Dios de la muerte, el Dios de la guerra, el Dios del hambre y el Dios de la cólera.

Tirado en el suelo en postura fetal le rodearon los cuatro dioses oscuros de figuras altas y delgadas, lo miraban con sus rostros extraños en silencio.

El primer Dios le ofreció su poder, el poder de la muerte con la que hubiese podido arrebatarle la vida a su amada para así vengarse de todo el sufrimiento que le había producido al osar abandonarlo, pero él lo rechazo.

El segundo Dios le ofreció su poder, el poder de la guerra con el que hubiese podido golpear hasta la muerte a todos aquellos que osasen cortejar a su amada robándosela definitivamente, pero él lo rechazo

El tercer Dios le ofreció su poder, el poder del hambre y la escasez con el que hubiese podido alejar a todos los hombres de su amada, para que esta conociera la soledad a la que el mismo se había visto sometido por su culpa, pero él lo rechazo.

El cuarto Dios le ofreció su poder, el poder de la cólera con la que podría odiar por el resto de los tiempos a su amada, olvidando el amor o incluso su propia soledad pues el odio era el sentimiento mas fuerte y puro que se conocía en el lugar, él acepto.

Continuara...

martes, 22 de diciembre de 2009

Prologo: El Comienzo (II)

NOTA: Esto es algo que escribí hace un tiempo y que nunca terminé, sin embargo quizas ahora y con el tiempo si lo aga, no busqueis aquí dobles sentidos, metaforas ni nada parecido, simplemente un texto con el que disfrutar, dejemos de lado los susurros agonicos por un día.

Prólogo: El Comienzo (II)


    Que travesía más maravillosa. Si amigos, me encantó el agua del mar salpicándome la cara, la brisa marina y sobretodo la compañía. Me encontré en el barco con otros tres aventureros, uno de ellos, del que no recuerdo el nombre, nos comentaba cosas del nuevo mundo a los que nunca lo habíamos visto. Yo, en esa época, apenas unas horas después de comenzar mi aventura, era aún muy débil, tenía poca experiencia en el combate y él al percatarse de tal cosa me dio a entender, con sabias palabras, que me había precipitado. La culpa de mi precipitación como le expliqué, la tenía una elfa oscura preciosa llamada Skakuashi que me esperaba en Gludio, amiga del sigilo, portadora de una daga, arma mortal si su dueño es un experto en su manejo.

     El viaje no fue largo y antes de darme cuenta habíamos llegado a puerto. La sensación de verme en el continente fue fantástica, algo tan grande para explorar casi daba miedo. Gludin, ciudad desértica como pocas, siempre lo ha sido y siempre lo será, fue mi primera parada.
Aunque mi estancia en ella no fue demasiado larga, un paseo por su emblemática plaza, correr de aquí para allá por sus largas callejuelas y poco después ya estaba en mundo abierto, buscando alguna alimaña con la que entrenar. Me hizo ilusión ver a mi primer enano junto a mi primer orco en aquel nuevo mundo, desesperado les pregunté donde podría ir a mejorar mi técnica, definitivamente no había sido buena idea ponerme a luchar nada más desembarcar... Poco antes de ese encuentro, me había visto entre la vida y la muerte frente a una enorme araña. Aún algunas noches al cerrar los ojos veo aquellas enormes patas persiguiéndome, clavándose en mi espalda justo antes de caer muerto. Que dolor tan espantoso me hizo sentir aquella colosal bestia, su veneno aún recorre mis venas quemándome por dentro.
     Aquellos guerreros me recomendaron visitar tierras de elfos, un lugar bastante lejano de donde nos encontrábamos, pero hacia donde tenía que
partir irremediablemente... Y solo puedo decir que mereció la pena, el largo viaje no exento de anécdotas, la contienda con esa malévola araña, el abandonar a mi joven amada... Mereció la pena.
     Dark Elven Forest me acogió con las puertas abiertas... me hice un hombre en sus tierras y se convirtió en mi verdadera patria. Su gente siempre se portó maravillosamente bien con migo. Los elfos oscuros se convirtieron en mis amigos y compañeros de batalla, aceptando un humano como uno más entre los suyos.
     No sé que fue de todos ellos, imagino que algunos fueron abatidos por asesinos de Gludio o Dion, otros muertos más allá de Death Pass, o incluso más lejos... pero por lo menos dos perduraron mucho tiempo; mi compañero Boix, con el que me encontré innumerables veces por el reino, y mi hermano Sparto, con el que aún tengo contacto muy de vez en cuando, ahora con forma humana. Sus poderes de ocultismo cambiaron su raza oscura por la de un guerrero como yo. Joven luchador pero poco constante, cuando marcha, pasan meses que no sé nada de él hasta que un día, sin previo aviso, me lo cruzo por algún camino del territorio de Girand o Dion.

     No me olvidé de aquella elfa que aguradaba mi visita. Shakuhachi me esperaba en Gludio, en el último día de aquella segunda crónica caótica. ¡cuanta gente!, no entendía quienes eran aquellos asesinos, pero mataban sin compasión a todos los visitantes de aquella pequeña localidad, mientras, el resto de la gente del lugar organizaban escuadrones de batalla para impedirles seguir atacando a pobres guerreros como yo sin experiencia... aquel día, un grupo de no menos de cinco asesinos la emprendieron con migo y podréis imaginar como termine ante sus acometidas... Además, no solo tuve problemas con esos malditos hombres y elfos... también, por no medir bien mis palabras ante otra elfa oscura, de tersa piel negra, pelo largo ensombrecido como la misma noche y curvas sensuales, me vi derrotado a sus pies, como también me vi derrotado, no podríamos olvidarnos de ello, por osos en aquella enorme explanada. Aprendí con tantos golpes que efectivamente ese aún no era mi lugar he hice caso a la recomendación que me había echo aquel enano acompañado por su singular pareja, el fuerte orco; me marché al bosque oscuro.

martes, 8 de diciembre de 2009

Prologo: El Comienzo (I)

NOTA: Esto es algo que escribí hace un tiempo y que nunca terminé, sin embargo quizas ahora y con el tiempo si lo aga, no busqueis aquí dobles sentidos, metaforas ni nada parecido, simplemente un texto con el que disfrutar, dejemos de lado los susurros agonicos por un día.

Prólogo: El Comienzo (I)



    Soy, por lo menos era, un honrado ciudadano del reino de Aden, natural de Talking Island, guerrero de los de verdad, de los que han vivido las penurias siempre fieles a su identidad. Miles de criaturas han caído bajo mis espadas en cientos de aventuras, he recorrido mares, desiertos, llanuras, tenebrosas cuevas... he mirado a demonios a los ojos sin pestañear, he tomado castillos y asesinado hombres... He sido un gladiador en todos los aspectos, me han abatido incontables veces, viendo como mi armadura se hacia añicos ante los poderes ocultos de los místicos magos. Me han herido con espadas, flechas, dagas e incontables armas de batalla. Tengo la sensación de haber muerto tantas veces... pero siempre haber resurgido a la vida.
      Nunca he necesitado un simple bastón de mago, ellos jamás llegarán a entender fuera de sus libros de ciencias ocultas lo que es sentirse vivo, notar como cercenas la carne cuando con tu espada y solo la fuerza de tu brazo golpeas a una de esas malditas criaturas que dios sabe quien, abra sembrado en esta hermosa tierra.

     Sin embargo no siempre fui así, no, yo me crié como un niño feliz, uno de esos que no se ven en la arquitectónica Girand, la acoraza Oren o majestuosa Aden. Yo nací en aquella Isla olvidada por todos, separado del gran reino, cobijada en el territorio más tranquilo de Gludio. Crecí mirando el mar, soñando con vivir aventuras allá donde los grandes barcos de vela iban y venían cada día. ¡Como se me ponía la piel de gallina cada vez que ojeaba el interior del Warrior Guild y veía a aquellos enormes caballeros, con sus armaduras forjadas de algún material milenario, construidas por los valientes enanos que tanto admiro, tan juerguistas y al mismo tiempo malhumorados!.

     Por desgracia me vi solo a una edad temprana, pues mi padre era un valeroso guerrero y murió en combate allá en el oscuro territorio de Elmore, más allá del propio Aden, un lugar en el que muy pocos se atreven a aventurarse. Decidí al saber la noticia emprender un camino peligroso pero osado, en el que poco a poco andaría todas aquellas tierras que recorrió mi progenitor, contribuyendo a la historia del mundo de alguna manera, formando parte de algún ejercito, sintiendo todo aquello con lo que los niños sueñan pero solo los hombres experimentan.

     Mi primera vez... recuerdo mi primera vez, todos la recordamos, ¿no?, aquel pequeño ser, aquella sucia bestia que se arrastraba por el suelo cazando cucarachas o ratas, prácticamente ciega, Gremmlin llamado por los viejos del lugar, bichos que al parecer en otra época fueron mágicas criaturas condenadas por algún dios a vivir en ese cuerpo por su avaricia con el oro y las mujeres..
     Rápido, sin un solo movimiento en falso clave mi espada en una de esas criaturas, con mirada firme recibí los golpes agonizantes que el bicho trataba de darme para defenderse, ante la aprobaciónde mis primeros maestros en el arte de la batalla.
Maté una tras otra orgullo y placer, la sonrisa que exhibía mientras las abatía os prometo que os hubiera atemorizado. cuando me rodeé de cuerpos muertos sentí un gozo, un placer que desconocía y casi me asustaba. Exterminé a decenas de aquellas bestias hasta que mi sed de muerte, me obligó a buscar un enemigo mayor.

     Mis maestros me hablaron de lobos y zorrillos que formaban una plaga por las afueras de mi querido pueblo, y me alentaron a que matarlos sería estupendo, no solo para mejorar mi pose de batalla, o el agarre de la empuñadura, si no también, para ayudar a todos mis conocidos y amigos que llevaban tiempo sufriendo el pillaje de estos mamíferos. Eran animales pacíficos, pequeños ladrones que robaban comida a los humanos o en el peor de los casos se comían al ganado...
     

    Estuve poco tiempo en la pequeña isla, me fui de ella prometiendo volver a aquella bonita humana, la que me compró mi billete para el barco que me llevaría a la ciudad portuaria de Gludin. Fue una despedida dulce, ella era lo más parecido a un amor que había tenido en mi adolescencia. Podría haberme quedado más tiempo en la isla y así me hubiera preparado mejor física y mentalmente en el arte del guerrero. De haber actuado así, mi llegada al continente hubiera sido mucho más fácil... Y es que mi nivel de batalla era muy bajo cuando partí, cosa que me costó algunos quebraderos de cabeza. A veces me pregunto si hubiera sido más feliz allá en Talking esos primeros meses de lucha. Algo que me cuesta creer, superar mi maravillosa y nostálgica etapa en Dark Elven Village no hubiera sido fácil.

     Marché demasiado pronto, pero como le prometí a aquella joven volví años después, convertido en todo un guerrero. Fue una lástima que ella no pudiera verme nunca más.

jueves, 8 de octubre de 2009

Armas inteligentes

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—Sobre la grieta de la llanura Thompson están ubicados los rebeldes señor —informó el androide al general de las fuerzas armadas.
—¿Cuantos son?—No demasiados señor; el hambre ha hecho mella en ellos y muchos ya se han rendido o han perecido.
—Quiero un número maldita sea.
—No lo sabemos con total seguridad, doce mil, quizás quince mil...
El hombre de las condecoraciones guardó silencio un momento y pensó detenidamente posibles opciones, estrategias de guerra para atacar inmediatamente a los enemigos del imperio. Suspiró y decidido informó al ser mecánico que tenía frente a sí.
—Prepare los arsenales X-r201, X-r202 y X-r203. Daremos fin a esta guerra de una vez por todas—Pero señor —replicó el ser metálico—, será una carnicería, romperíamos muchas leyes coloniales contra los derechos de los seres vivos; recuerde que los nativos de este planeta son pluricelulares complejos con una inteligencia de 120 en la escala Megier.
—¡No me importa! —bramó el general—. ¡Las leyes están hechas para romperlas! Y esta absurda guerra, esta maldita sublevación, esta durando demasiado tiempo. Así que ejecute mi orden, terminemos con esto y volvamos a casa de una vez, usted es una máquina, que digo máquina, ¡usted es un arma, un arma inteligente!, acate mis ordenes y no ose refutarlas
Inmediatamente el soldado mecánico marchó hacía la zona donde estaban las armas nucleares de la gran nave, donde activaría el protocolo X-r201-205; una serie de los misiles atómicos más destructivos jamás creados. Eran sumamente peligrosos, tanto que no podían ser accionados a distancia; solo desde un pequeño cuadro de manos justo donde se albergaban se podía accionar el mecanismo de disparo, y tan solo dos androides en el mundo podían activarlos. Androides que solo obedecían ordenes de los grandes generales del ejercito.
La nave era tan grande que el camino entre la sala principal de guerra hasta el lugar de lanzamiento era bastante largo, lo suficiente para que todos los circuitos del interior del androide; su memoria, los procesadores y demás mecanismos pudieran procesar la información de lo que acababa de suceder a máxima velocidad, repasar las ordenes, las consecuencias... etc.
El androide accionó el mecanismo y tras esto se puso en contacto con los oficiales y el general al mando por los circuitos internos de comunicación que poseía.
—Orden ejecutada señor, los misiles implosionarán en dos minutos.
—¿Por qué no he recibido aún la ruta y lugar de impacto?
—No hay ruta señor
—¿Como?
—Los misiles implosionaran, pero lo haran aquí, sin necesidad de ser lanzados
—¡¿como?! ¡¿Que as hecho?!
—Lo lamento señor, pero solo he hecho lo correcto. No soy un simple soldado humano que cumpla cualquier orden sin pensar. Como usted mismo a dicho, soy un arma, soy realmente el primer arma inteligente que jamás se halla creado y como tal destruiré lo que realmente merece ser destruido.

jueves, 1 de octubre de 2009

Encuentro pasajero.


Imaginad un rocoso acantilado sobre el Mar de Tetis, a finales del cretácico, por el que sobrevuelan enormes monstruos salidos de alguna historia de ciencia ficción. La espuma salpica las afiladas piedras en las que termina la vertical pendiente, con la fuerza despiadada de las olas que gritan en nombre de los futuros océanos. Como pretendiendo separar con su empuje a más velocidad los continentes que dejarán el mapa terrestre que hoy conocemos.

La temperatura era sofocante, a plena mañana si hubiera existido un termómetro habría marcado cuarenta y siete grados, lo habitual por esa zona en esa época. Las cícadas y los ginkgos estaban ya en decadencia mientras las palmeras comenzaban a adornar el paisaje, y sobre estas dando su sombra, se podía observar el majestuoso vuelo de un Tropeognathus, con su enorme cresta ósea en el extremo de la mandíbula, de forma redondeada, ideal para capturar peces en pleno vuelvo. Y su lindo, casi poético color blanco adornado con lineas negras en su cuello que nacían desde la mancha oscura de su pecho, y terminaban con pequeños toques del color dorado del sol. Este pterosaurio obstentaba desde hacía millones de años el rango del mayor ser vivo volador existente en todo el planeta, pero su reinado se estaba acercando a su fin. Por alguna extraña razón, pocos miles de años después desaparecerían para siempre dejando simplemente sus huesos bajo los sedimentos. Huesos que unos extraños seres surgidos de la evolución del primate encontrarían con el largo pasar del tiempo dejando volar su imaginacion con tan magnifico ser.

En otro lugar no muy lejano, se encontraba un Quetzalcoatlus, precisamente el enorme reptil que comenzaba a reclamar el cielo como suyo; su tamaño, descomunal. Era un macho adulto de once metros de longitud y casi cien kilogramos de peso al que le costaba bastante no solo levantar el vuelo, si no también mantenerlo debido a su peso, viéndose obligado a planear sobre las corrientes para mantenerse en el aire.

Minutos después ambos seres se encontraron, el primero estaba descansando sobre la cornisa del acantilado, el segundo bajo el vuelo y se detuvo a su lado, ambos se miraron durante un instante eterno y los dos comprendieron, sin palabras, sin sonidos, solo una mirada sincera entre las sacudidas del mar golpeando las rocas, bramando contra ellos por robarles las pesca que tanto trabajo le había costado criar. El final de un reinado, el nacimiento de uno nuevo, el final del abuelo, el comienzo del nieto.

El Quetzalcoatlus con trabajo retomo el vuelvo y prosiguió su viaje, Tropeognathus quedo abatido sobre la misma roca. Creedme cuando os digo que desconozco si estos fascinantes animales podían llorar, pero lo cierto es que este lloró amargamente.