miércoles, 3 de abril de 2013

Periodo II: La primera aventura (II)

Continua las aventuras en el reino de Aden de nuestro espadachín aventurero. La historía prosigue tras un largo tiempo de parón, pero más vale tarde que nunca. Capítulo dedicado al servidor Ultima Alianza-Reborn, recienetemente cerrado tras 6-7 años de vida, donde se desarrolló esta aventura.

 Periodo II: La primera aventura (II)

    Sin más tardar, preparé la mochila dejando lo que no necesitaba en mi Warehouse de Gludin, y saliendo por la puerta Este tomé rumbo a la conocida Gludio que tanto frecuentaba, para encontrarme con aquel viejo guerrero venido a menos.
Gracias a mi experiencia reciente seguí fielmente el camino, sin mucho animo explorar posibles atajos para evitar encuentros fortuitos con bestias que pudieran darme muerte, aunque hay que reconocer, que la salida de Gludin exponía a poco peligro. Era una simple recta protegida por laderas elevadas a ambos lados, lisas y sin maleza, creando una pequeña cordillera, mayormente en la cara norte del camino, tan solo empañadas por unas protuberancias rocosas cubiertas de musgo en sus inicios, que iban desapareciendo a medida que te alejabas de la urbe.
     Cuando llegué a la primera bifurcación del recorrido, el cual tenía que tomar hacia el norte, la cadena montañosa pasó de estar a mi izquierda para ubicarse a mi derecha, es decir, el lado este de la senda, impidiendo a los viajeros como yo poder acortar camino campo a través, algo que por otro lado a mi no me molestaba en absoluto, ya que con este muro natural que ladeaba toda esta parte del trayecto hasta prácticamente las ruinas de Agony, me aseguraba protección contra posibles ataques desde esta dirección y por tanto, podía centrar mi atención en el lado contrario, en el cual se ubicaba el Abandoned Camp, un lugar un tanto peligroso para mi. Los OI Mahum eran rivales duros, sobretodo por mi precaria armadura que no me defendía lo suficiente de sus mortíferos golpes.
     Una en el cruce de la entrada de Agony pasadas unas horas, me percaté del paisaje que me rodeaba, tanto el que había recorrido, como, y sobretodo, el que me quedaba por recorrer. Observe mientras tomaba aliento las llanuras cubiertas con el verdor de la hierba, con las enormes montañas de sierras lejanas que limitaban el paisaje casi en el horizonte, así como pequeñas zonas boscosas de encinas centenarias que presentaban una sombra ideal para relajarse tumbado contra sus troncos. Algo más que tentador, no solo por el cansancio del largo viaje, también por los rayos de sol que caían desde el extenso cielo azul que gobernaba el día, haciendo sudar mi cuerpo y por tanto, acrecentando la fatiga de mis piernas.
     Tras dejar de lado las ruinas y tomar el camino derecho en el cruce de esta antigua ciudad, solo me quedaba un trecho de camino recto para llegar a mi destino, aunque tal vez fuera el más peligroso del recorrido, y no por bestias animales, si no por bestias humanas, o elfas, o enanas... las bestias asesinas que poblaban como siempre la zona. De todas maneras, en esta ocasión tuve suerte y el camino finalizó sin mayores contratiempos, pudiendo entrar en Gludio sin haber perdido un solo minuto desde mi partida.

      Gludio es una aldea pequeña, así que no tardé mucho tiempo en llegar a la tienda de armas donde encontraría a Simplon, miembro del clan de guerreros. Ya había estado en su interior en otras ocasiones, pero nunca me cansaba de lo acogedor que era aquella sala, nada que ver con los vendedores de mercadillo que llenaban fuera las calles. Puede sonar absurdo, pero creed cuando os digo que no es lo mismo hacer una compra a descubierto, entre el griterío de la gente, con la calor de la tarde o el frío de la noche, a hacerlo junto a una chimenea encendida, en un clima agradable, con un suelo bien pavimentado, incluso el hacerlo sobre una moqueta Andereña de diseño asbstracto te satisface de tal manera que no te importa que a costa de esto suba el caché de la tienda y por tanto sus precios. Por no hablar de que todo lo que allí se podía comprar era nuevo, armas recién salidas de la forja y organizadas en estantes perfectamente mostrados al público. Ademas, y esto es algo muy importante, siempre con disponibilidad de aquello que buscabas, algo que no ocurría en la calle donde tenías que pelear por encontrar un producto acorde a tus necesidades. A todo esto había que añadir el buen trato del tendero, su experiencia en el uso y venta de armas, la capacidad de poder probar cualquier objeto que estuviera a la venta antes de desembolsar el oro por el. En fin, un serie de comodidades que incrementaban el precio de los productos y que uno estaba contento de pagar, sobretodo si disponía de la riqueza suficiente. La única pega que existía con este establecimiento eran los impuestos procedentes del lord del castillo, que incrementaban aún más el montante total respecto a los vendedores ambulantes, haciéndolos prohibitivos para economías pequeñas como la mía.

     Mientras Simplon atendía a un orco de la lejana y norteña Orc Village, le dije amablemente a su compañera tendera, la pelirroja Sydnia, que no podía ayudarme ya que precisaba hablar con él de un tema referente a la Warrior Guild y por tanto esperaría. Para hacer tiempo volví a ojear las armas que se encontraban a la izquierda del mostrador, tres Throwind Knife, espadas de una mano que descansaban en un estante vertical a raz de suelo, y junto a estas, detrás de la pequeña escalera de mano dos enormes Brandish, aceros a dos manos, que más adelante terminaría comprando para mi uso personal En la parte alta, un maravilloso escudo Aspis junto a otros de menor calidad y en la zona intermedia unos extraños cofres que guardaban algo desconocido para mi.
     Observé los estandartes que decoraban la tienda, el más repetido y que colgaba del techo descansando sobre las paredes, eran unos pequeños terminados en pico bien definido, azules con un grifo dorado, ese ave mitológica con cabeza y alas de águila así como patas y cuerpo de león. Su exquisito mobiliario traído de diversos puntos geográficos, una alacena de Heine, un armarito bajo de dos puertas de Giran..., los pedidos de clientes que colgaban detrás de la bella Sydnia y en definitiva, toda la decoración del lugar, desde libros esporadicos sobre muebles a jarras y cuencos decorativos, desde cajas en el suelo hasta las velas que alumbraban el interior del local, desde la bella Sydnia hasta un pequeño baul de madera.
     Simplon tosió intencionadamente para que me fijará en él, pues ya había despachado el orco y según todos los indicios quería hacer lo propio con migo, a sabiendas, estoy seguro, cual era el motivo de mi visita.



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